La ira

En el hígado se aloja la ira, la santa ira que ha liberado a tantos pueblos de gobernantes autoritarios, la santa ira que logra que se haga justicia cuando los jueces están distraídos, la santa ira que muchas veces contiene a una familia entera.

Nuestra sociedad inculca la obediencia y la sumisión como caminos hacia la felicidad, por eso la sola mención de la palabra "ira", entendida como rebeldía, no nos gusta. La e-moción, como el mismo término lo indica, implica un movimiento del cuerpo y esta integración corporal es lo que diferencia la emoción que proviene del alma de los sentimientos que provienen de la mente. La ira, cuando es una emoción del alma, resulta imprescindible para vivir sanamente. Sólo que debe ser justa y oportuna. Es saludable explotar, pero no con quienes nada tienen que ver con el origen de nuestra ira. Y si alguien explota por cualquier cosa y demasiado frecuentemente, puede deberse simplemente a que su hígado esté pidiendo paz, puesto que las vísceras expresan sus necesidades a través de las emociones. Pero a veces ocurre que la ira es provocada por alguien ante quien no podemos callar.

Visualización del perdón:

  • Adopte una postura cómoda;
  • relájese; recorra mentalmente su cuerpo y afloja las zonas tensionadas; visualice una luz que brota de su pecho;
  • respire esa luz, ese color, báñese con ella;
  • ahora visualice a un ser querido. Cuando lo vea nítidamente, báñelo con esa luz agradable. Observe cómo lo mira agradecido y feliz;
  • a continuación, visualice a alguien que le pone obstáculos, que le dificulta la vida, que en algún sentido puede considerar su enemigo;
  • cuando vea su imagen con claridad, báñelo con esa luz, aguarde y observe cómo lo mira con agradecimiento;
  • Cuando concluya (tal vez preparó un timer o un despertador) no se levante bruscamente, por el contrario, desperécese, trate de bostezar, abra y cierre los ojos y antes de recuperar el ritmo habitual observe si llega algún mensaje para usted. Recuerde que el propósito de estos trabajos es disfrutar de la vida.

Fuente: Andrés Percivale, El yoga de las 4 estaciones. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001.

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