Hígado, Estrés y Esguince

El estrés es una intoxicación producida por nosotros mismos para poder enfrentar y solucionar los problemas de la vida cotidiana.

El esfuerzo que hacemos para superar los momentos difíciles, malos o buenos, se traduce en un exceso de componentes químicos que circulan dentro de nosotros y que es necesario erradicar. Como esos esfuerzos son cada vez más frecuentes, nuestro organismo, y el hígado en particular, no tiene tiempo para la desintoxicación.

El clásico ejemplo está pintado en el caso del hombre que observa que un auto se le viene encima. Con la velocidad de un rayo decide evitarlo, trepándose a la rama de un árbol. Automáticamente el organismo se despliega para comunicarle a todo el cuerpo sobre la situación, derramando mensajeros químicos como la adrenalina y el cortisol, que hacen que a través de distintas reacciones intracelulares, también químicas, se reduzca la cantidad de sangre que llega a los órganos: si en el estómago se estaba digiriendo algo, se interrumpe la tarea para que la sangre vaya a participar de la salvación, por ejemplo, a las piernas que harán posible el acrobático salto; a las pupilas, que se dilatan para ver mejor la rama de la que se colgará; al corazón, que acelera su ritmo; al hígado, para que segregue glucosa a fin de aumentar la energía suplementaria, para que se ensanchen los conductos de aire y se disponga de mayor cantidad de oxígeno.

Todos estos cambios fisiológicos le permiten al individuo salvarse de la embestida del auto. Una vez superado el problema hay que eliminar las consecuencias químicas del estrés, de lo que también se encargará, en parte, el hígado. Pero no es tan sencillo, porque cada vez que recuerde lo que le sucedió, se repetirá en menor escala la explosión interna, amén de los tantos y diferentes episodios estresantes del día.

El organismo intoxicado debe descansar para recuperarse. Si esto no sucede, como los efectos del estrés son acumulativos, al día siguiente un gato, un golpe a la puerta o el sonido de un teléfono provocarán, con diversas intensidades, reacciones similares y así se irá envenenando más y más.

Si al circular, alguna de esas toxinas se pone en contacto con un músculo, lo intoxica, lo inflama y se produce el dolor. Esta es la conexión entre hígado, estrés y esguince.

La artrosis, la artritis, el dolor de rodillas, codos y articulaciones en general, así como la fatiga y el dolor de piernas y brazos, pueden prevenirse si se hace una limpieza profunda del hígado. La primavera es la estación más propicia para realizarla.

Un trabajo simple:

El hígado está ubicado a la derecha del cuerpo, debajo de las costillas. Pesa un kilo y medio. Detrás está la vesícula biliar. Apoye suavemente ambas manos sobre su lado derecho y sienta "su zona hepática". El hígado trabaja a gran temperatura, llegando a veces a los 40º.

Fuente: Andrés Percivale; El yoga de las 4 estaciones. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001.

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