La Glándula Pineal

Se conoce desde hace muchos siglos y si bien Descartes la consideraba como la sede del alma, la ciencia oficial la desestimó, creyendo que se trataba del vestigio de un ojo desaparecido en algún momento de la evolución de las especies.

Cuando promediaba el siglo XX se aisló la principal hormona que segrega: la melatonina. Fue a raíz del caso de un adolescente muy desarrollado sexualmente para su edad, que manifestaba características de inteligencia, cultura y compasión superiores. Murió al mes de haber sido internado y, al estudiarlo, se descubrió que tenía un tumor en dicha glándula. Desde entonces se la investiga y aún no se ha puesto punto final...

La melatonina se segrega de noche y nunca a la luz del día, por lo que se trata de una glándula que responde al ritmo día-noche, así como a todos los ritmos biológicos y cósmicos: es la responsable de indicar al animal que hiberna que es hora de despertar.

El "progreso" nos ha desviado de esta unión con la naturaleza y sus ritmos: comemos alimentos que no son de la estación correspondiente; muchas personas deben trabajar y estar despiertas a las dos de la mañana, hora pico de la secreción de la melatonina, cuya principal función es proporcionar un dormir reparador; etcétera.

El pico de máxima producción de melatonina se produce entre las dos y las tres de la madrugada, momento que coincide con el que la medicina china le atribuye al hígado.

La melatonina es antagonista de la serotonina, que se encarga del bienestar diurno. Al aumentar una, disminuye la otra, por lo que se encuentran en un delicado equilibrio. Ante un exceso de melatonina se produce irritabilidad, depresión e incluso pueden llegar a disminuir los niveles de hormonas sexuales, suprimiendo la ovulación en las mujeres y la formación de esperma en los hombres. Con la falta de serotonina aparecen extrañas alucinaciones semejantes a los síntomas que sufre un esquizofrénico, por lo que parece que en esta hormona se asienta el sentido común.

La melatonina es responsable del SAD (seasonal affective desase), la afección producida por la escasez de luz solar en invierno.

La glándula pineal está ubicada en el centro geométrico del cráneo, es de color rojo y del tamaño de una arveja. Ajusta nuestra temperatura corporal, los ritmos cardíacos y hormonales de otras glándulas; colabora en la estimulación del sistema inmunológico y en la producción de menor cantidad de grasas; combate los radicales libres, siendo un eficaz antioxidante, por lo que se la puede considerar un agente antienvejecimiento.

Otra de sus funciones sería la de inhibir el crecimiento (metástasis) de ciertos tumores, como el de mama. Este tema se encuentra aún en etapa de investigación.

En ciertos casos en los que la glándula pineal fue extirpada o en los que se redujo notablemente la secreción de melatonina se advirtió un crecimiento de cáncer de mamas en animales de laboratorio.

En numerosas investigaciones la glándula pineal se ha asociado con: disfunciones sexuales, hipertensión, epilepsia, esquizofrenia y con el estrés producido por las alteraciones de ritmos (luminosos, nutricionales, de temperatura, etc.). También se la vincula a la falta de atención y a las dificultades para concentrarse. Algunos científicos consideran que es un receptor capaz de explorar y definir campos magnéticos.

Esta glándula es el centro de nuestro reloj biológico: sabe perfectamente a qué distancia y a qué inclinación se encuentra la Tierra con respecto al Sol y a otros planetas; es una brújula, un cronómetro, un fotómetro y un metrónomo que nos indica cuándo trabajar, cuándo descansar, cuándo amar, cuándo rechazar, cuándo apresurarnos o detenernos, por lo que establece el vínculo del hombre con la naturaleza.

En la medida de lo posible debemos recuperar esa unión con los ritmos naturales, esa armonía que nos hace parte del todo.

El crecimiento de la glándula pineal se interrumpe después de la pubertad, pero continúa funcionando durante toda la vida. 

La tradición milenaria del Yoga conoce la glándula pineal al menos desde hace unos 2300 años. La llama tercer ojo y no está tan equivocada: en las especies inferiores tiene una estructura fotorreceptora; en las superiores, su estructura es glandular. En los reptiles, en los peces y en algunos pájaros, la luz que estimula la glándula pineal entra atravesando directamente el cráneo. En los animales con pelo, la luz ingresa por los ojos. Posiblemente, la coronilla, esa parte delicada del cráneo, haya funcionado en algún momento de la evolución como una antena que absorbía luz. Esta tradición esotérica sostiene que el alma entra en el cuerpo por allí y que por allí se va al morir. También habla de chakras, centros de energía que, en alguna medida, se corresponden con centros glandulares físicos. Los principales son siete y forman parte de un canal sutil que corre a lo largo de la columna vertebral.

Fuente: Andrés Percivale; El Yoga de las 4 estaciones. Grupo Editorial Norma, 2001, Buenos Aires.

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