Lecciones de introduccion al psicoanalisis: XV parte

Parrafos seleccionados de Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

XIII. La vida erótica de los sexos

El amor es oblativo, sacrificial. El amor no está interesado por los objetos que el otro pueda dar. El amor se abastece de nada. Entonces ciertos pacientes nos enseñan que hay una escisión entre la tendencia amorosa y la tendencia del deseo. Los analistas han de tener en cuenta que el amor, en tanto oblativo, sacrificial, está preparado para todos los sacrificios. Incluso para aquellos sacrificios que constituyeron el fondo de la neurosis misma del sujeto, es decir, los objetos del deseo que tuvieron que ser dejados atrás por la represión. Por eso no debe promoverse esta estructura, ya que aplastaría a la otra, la del deseo.

No es que el deseo se abastezca de objetos, sino que el deseo no es sacrificial. En el fondo del deseo lo que está planteado es el problema del goce con respecto al objeto.

En cuanto a la impotencia Freud dice que se puede explicar por la escisión de las dos tendencias. Después del periodo de latencia en que el sujeto abandono las verdaderas relaciones de objeto, debe poder darse otros objetos, ahora libidinales. Pero la prohibición del incesto es vivida en la pubertad como norma social. Y los objetos que el sujeto podrá darse, se los dará sobre el modelo de la madre. Mas la ley del incesto lo prohíbe y las dos corrientes terminan por escindir el objeto madre. La madre quedo como modelo del objeto sexual sobrevalorado, el correspondiente a la tendencia del cariño. Así, para acceder a los objetos del deseo, el sujeto deberá trasgredir la ley de prohibición del incesto, es decir, juntar las dos tendencias. Y lo que ocurre es que, en la medida que encuentre en los objetos sexuales algún estigma o recuerdo del objeto sobrevalorizado, por la prohibición del incesto no puede tener acceso a ellos. Así, todo hombre en algún momento ha sido impotente, ha tenido el problema de que se junten las dos tendencias. esto sería lo que podemos llamar una especie de insight de la estructura, que ideológicamente estaría bien. Esto sin embargo no da cuenta de la impotencia en general.

Es muy difícil cuando hay una pérdida de objeto (separación, abandono), al sufrir una decepción narcisista, es muy difícil volver a darse objetos sexuales. Porque en verdad es la posición narcisista la que alimenta la libido de objeto.

Cuando hablamos de un sujeto desvalorizado, en verdad, se trata del fundamento del narcisismo, en la medida en que la madre amada es aquella que lo fundo a uno como objeto absoluto de su deseo. Entonces cuando uno pierde un objeto, lo que pierde es la relación con la madre amada que asegura su narcisismo. Es necesario que se produzca alguna operación que vuelva a cargar el narcisismo.

En la perdida de las cargas narcisistas concurren fundamentalmente las dos tendencias: una generada en relación con el objeto sobrevalorizado, como fundamento del narcisismo del sujeto, y la otra proviene del desprendimiento de un objeto mediante la negación de la identidad de la madre.

El trabajo del duelo es precisamente una operación de negación de la identidad del otro. Aquel que era lo único para mi, ya no lo es. Solo entonces recupero la libido. En el caso del melancólico el objeto no era un verdadero objeto, sino una pesada elección narcisista de objeto. Lo que no puede soportar el melancólico es que el objeto perdido era el mismo. Lo único que puede hacer es identificarse con el objeto y apropiarse globalmente, masivamente, de él. La cualidad de los objetos, profundamente narcisistas, seria otro punto para explicar una melancolía.

Si puede hacerse un duelo, eso quiere decir que en verdad la libido objetal era objetal. Si no puede hacer, es que la libido objetal era pesadamente narcisista. El melancólico introyecta el objeto basado en una identificación. Lo pone en el lugar de su yo: el yo del sujeto es ocupado por el yo del otro, mientras que el ocupa el lugar del superyó. Cuando se examinan los autorreproches y el contenido de ellos se descubre que en realidad a quien van dirigidos no es a él, sino al objeto que se fue. Se reprocha a si mismo lo que antes le reprochaba al otro. Los temas del melancólico surgen de los reproches dirigidos a sus objetos narcisistas. Esto es importante para estudiarse a uno mismo a veces, porque antiguos objetos perdidos donde uno había puesto catexias narcisistas están en la base de cosas que uno ahora se reprocha a sí mismo. Se trata de cosas que no tienen nada que ver con uno y que en verdad manifiestan la antigua ligazón a esos objetos narcisistas.

Volvamos ahora a los dos ejemplos que hemos dado acerca de las tendencias en la vida erótica: uno, el de esos hombres que se casan con mujeres que sobrevaloran pero desean a otras; y el otro caso sería la impotencia. Tendríamos así un primer acercamiento a los objetos degradados, objetos que surgen, que de alguna manera tiene que ver con la negación de la diferencia de los sexos y, de pronto se tornan aptos para el goce. Son objetos degradados y no sobrevalorados, se trata de objetos menores, de partes y no de totalidades. El modelo de este objeto es el objeto fetiche. El fetichismo, dice Freud, es en el hombre una defensa contra la homosexualidad. Es el objeto que viene en lugar del pene que le falta a la madre. El trapo simboliza el pene de la madre, que no está, pero si esta el trapo. Al encontrar el objeto que reemplaza al pene materno, el sujeto hace de la mujer algo soportable y elude así la homosexualidad. El fetichista encuentra en el objeto lo que la mujer no tiene, que es lo que en verdad le perturba de ella. Pero en la mujer, en tanto mujer, no necesita de esto, porque si encuentra el pene en el hombre. Por tanto tendrá menos necesidad de esta operación de encontrar el pene como objeto factico parcial, porque lo halla en el hombre.

Continuar con la lección 16:

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