Comer

La comida es un salva-angustias muy utilizado. Comer es agradable, nos procure la sensación relajante de estar saciados y tranquilos. El sopor de una digestión contiene tórpidas brumas en las cuales nuestras preocupaciones parecen ocultarse por momentos. Algunos alimentos que contienen azúcares, abundancia de hidratos de carbono (dulces, pastas, por ejemplo) tienen una inmediata virtud de desvío de atención. 

También el placer sexual puede tener esta utilidad de olvido-por-el-cuerpo y convertirse en una conducta compulsiva. La naturaleza recompensadora del placer tan instintivo del comer puede ser utilizada fácilmente para dulcificar lo amargo. Damos dulces a los niños más que para premiarlos por merecimiento como una forma de complacencia en verlos golosos y agradecidos, evitar la tristeza de una decepción, conquistar su afecto o desviar el ser reprochados u odiados por ellos.

No es infrecuente en la crianza infantil que la hora de comer sea una guerra, porque el niño no come la cantidad o calidad que pretendemos, lo hace de forma tan lenta que nos obliga a presionarlos, haciendo con ello que vaya todavía más lento y le divierta nuestro desespero de ver que se enfría la comida y que se nos acumulan las tareas pendientes.

La hora de comer puede tener unos contenidos que se asocian, como el placer de charlar tan querido a los humanos, pero también su reverso, el afán de discutir y hacernos reproches comiendo o mostrarnos hostilidad, tensión y frialdad (haciendo que la comida se atragante).

También podemos inducir en los niños una serie de sentimientos que pervierten el placer de comer como cuando nos avergüenzan de lo glotones, cerdos, asquerosos, maleducados, impresentables, etc. que somos, y cuyo eco se da con frecuencia en los sentimientos que surgen en la conducta bulímica, en la que la persona come para calmarse y ello le hace sentir culpabilidad, repugnancia, vergüenza, con lo que se genera una nueva ansiedad peor que la que se trataba de calmar y que de nuevo pide a gritos ser reparada con el pastel envenenado que la produce.

Si ya desde niños comemos más porque nuestros padres se angustien menos de sus ansiedades cuidadoras, no es de extrañar que de adultos comamos para des-angustiarnos y como una forma elemental de cuidarnos.

COMENTA
RELACIONADOS
ÚLTIMAS ENTRADAS
Raul Augusto Borgialli
@loqmsalvolavida
Budismo, el ser, la mente, el cuerpo

Psicología Budista, una ciencia de la mente

El budismo como ciencia de la mente, desarrollada hace más de 2000 años, integra en sus prácticas y preceptos, los desarrollos psicoterapéuticos occidentales y los supera. Aquí, una primera aproximación a sus enseñanzas y el esbozo de un modelo  para abordar lo humano.

Mindfulness
Malena Pichot
@malepichot
Los Melones se Acomodan, pero las Fichas NO

Estaba en un altar, con el vestido, con todo, junto a mi novio de la secundaria, pero en el patio de la primaria. La historia la recuerdo sólo desde el punto de ebullición, justo cuando me daba cuenta: “¿Qué? ¿Pero cómo? ¡Si soy tan chica! ¡Si es tan solo mi primer novio! Yo quiero muchos más ¿Qué estoy haciendo?”. Esa pesadilla está en el puesto número uno de recurrencia en mi adolescencia, esa y zombies. Qué bello era despertar y descubrir que no estaba casada, que no era la señora de nadie, que no había zombies, que no la había cagado. Porque esa era la preocupación que regía mi adolescencia. No cagarla. No cagarla era importante, porque realmente tenía todo para no cagarla y tenerlo todo es, básicamente, tener una familia amorosa.

Te puede interesar
Violencia en el noviazgo: Fede Bal y Barbie Velez

Ha sido una creencia socialmente aceptada que el noviazgo es la época “ideal” de una pareja, sin embargo, la realidad se muestra diferente porque las jóvenes parejas muchas veces se enfrentan a situaciones violentas. 

Te puede interesar