Gratificaciones Momentáneas: El placer del paladar

Las gratificaciones momentáneas son aquellas "pequeñas" porciones de productos procesados (en su justa proporción de grasa y azucar refinada) que nos deleitan el paladar y reconfortan nuestro cerebro emocional generando un circuito de dependencia y adicción. 

¿Cómo romper un hábito que nos gusta?

La consciencia es la única aliada en el proceso de recuperar la voluntad y tomar la acción opuesta a la habitual. La consciencia supone un ego que reconoce y elabora a través de pensamientos, las sensaciones y emociones que va sintiendo. Con lo cúal, cada vez que el ego se siente aburrido o desanimado, puede desencadenar un circuito de placer consolidado en el cerebro como mecanismo de defensa para paliar la eventual angustia. Una vez activado, el circuito se despliega con todo la fuerza avasalladora del automatismo inconsciente. ¿Cómo frenar la tendencia? A través del pensamiento consciente. 

Parecería ser imposible frenar la acción con la sola presencia del pensamiento consciente, dado que los casos prueban que la mayoría de las personas que se ponen a dieta no alcanzan con el esfuerzo consciente a ordenar su voluntad a realizar la acción opuesta de la habitual (comer algo magro, comer frutas y verduras, en lugar de grasa e hidratos de carbono refinados).

La mejor aliada: Motivación

Si pensamos en los beneficios que conlleva dejar de reproducir un hábito, tenemos que poner el foco en aquellos beneficios que representan una ganancia positiva para nuestro ego. Es decir, no resultaría conveniente dejar de fumar porque daña nuestros pulmones, sino dejar de fumar porque permite que respiremos mejor y nos oxigenemos en plenitud favoreciendo nuestro organismo en su totalidad. Estimular la motivación desde el ángulo positivo es la clave para empoderar a nuestro ego a desarrollar la acción opuesta cuando el mecanismo de defensa se active de manera inconsciente.

Ahora bien, el hábito gratificante tampoco es una desventaja para el ego, más bien sería una desventaja para su cuerpo, pero no pareciéra reconocerlo sino más tarde, cuando le habla a través de los síntomas. Es normal responder con culpa y arrepentimiento (consciencia tardía, luego de que la fase sintomática emerge) tras sentirse algo hinchado, flatulento o pesado después de comer comidas procesadas con azucar refinada y grasa (por ejemplo, un paquete de galletitas, una hamburguesa con papas fritas, un cuarto de helado, una tableta de chocolate con dulce de leche, etc). 

La sensación de malestar corporal se traduce en la consciencia como culpa y arrepentimiento por haber ingerido aquellos alimentos que no favorecen el rendimiento óptimo de nuestro organismo. La capacidad para escuchar y leer los síntomas que desarrolla nuestro organimo, son una pieza fundamental para mejorar el vínculo entre nuestro ego y la salud del organismo donde habita. 

Es sabido que una sensación de ligereza (producida por una alimentación a base de frutas y verduras) aumenta la energia del organismo y por consiguiente el ego se siente más animado para pensar y realizar otras actividades que no implican la gratifación inmediata, sino más bien a largo plazo (como construir o desarrollar un proyecto).

El placer del Paladar

Buscar una gratificación momentánea a través de la comida está asociado a emociones sin elaborar por nuestro ego, quien predispone en el cerebro el mecanismo habitual e inconsciente de placer como una vía de respuesta rápida que contrarresta el malestar. 

El organismo permite que nuestro ego tiranice y conquiste sus células, maltratándolas y castigándolas a través de una alimentación basura. El límite es la enfermedad, no sin antes previos avisos: los síntomas.

Escuchar e interpretar los síntomas de nuestro organismo es la tarea que puede transformar el despótico reinado de nuestro ego. 

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