Comida y emociones

Una de las formas primarias en las que manejamos las emociones dolorosas es literalmente “comer hasta entumecernos,” con alimentos densos y difíciles de digerir—los llamados “alimentos cómodos o de consuelo” (término conocido como “comfort foods” en inglés.) Esto es efectivo debido a la naturaleza de nuestros sistemas nerviosos. Nuestros cuerpos tienen una cantidad finita de energía nerviosa en cualquier momento dado. La digestión de la comida y la conducción de emociones demandan cada una tanta energía que no pueden ser realizadas simultáneamente.

Un ejemplo clásico para demostrar esta propiedad de nuestro sistema nervioso es un funeral, donde algunas personas están llorando tan intensamente que no pueden comer en absoluto, mientras que otros no pueden parar de comer.

Conforme aligeramos nuestras dietas a vegetariana, vegana y eventualmente cruda, comúnmente nos volvemos más perceptibles a nuestro ser emocional. Cuando nos comprometemos a comer una dieta cruda, gravitamos alrededor de los alimentos grasosos para proveernos entumecimiento emocional, ya que la mayoría de las frutas frescas no son suficientemente sedantes para superar la angustia emocional. Usualmente esto lleva al consumo de exorbitantes cantidades de nueces y semillas, las cuales son fáciles de comer en exceso, ya que no inducen rápidamente la saciedad. El estrés digestivo y el sufrimiento innecesario son el resultado de este comportamiento. 

La respuesta a todo esto yace no en consumir alimento del todo, sino en mantener estabilidad emocional y desarrollar la habilidad de sentir completamente nuestras emociones.

Las grasas tienen varios factores que actúan en contra de ellas cuando hablamos del tema de saciedad. Primero, las grasas contienen muchas calorías en pequeños paquetes. Debido a que el volumen es uno de los factores clave en experimentar la saciedad, es difícil comer suficiente volumen de un alimento grasoso para sentirnos satisfechos, sin sentirnos enfermos primero.

Segundo, el cerebro monitorea los niveles de azúcar en la sangre como un método para determinar el hambre. Conforme los niveles de azúcar en sangre se elevan, el hambre disminuye. En el caso de la grasa en sangre, no existe ninguna reacción rápida relacionada con el hambre, e inclusive si ocurriera, la grasa dietética necesita un relativamente largo período para llegar al torrente sanguíneo, comúnmente requiere entre doce y veinticuatro horas desde el momento en que se consume. Si tú consumes una comida entera de alimentos grasosos, seguirás sintiendo hambre. Seguramente recurrirás a consumir un postre dulce al final de la comida para finalmente satisfacer
tu apetito. La idea de que comer grasa te ayuda a saciarte simplemente es falsa.

¡Las frutas dulces ganan en cada ocasión!

Cuando comemos frutas dulces, las cuales son ricas en azúcares simples, los niveles de azúcar en sangre se elevan gentilmente, casi inmediatamente. La dulzura de estos alimentos altamente nutritivos hace que comerlos en exceso sea una tarea muy difícil. Y debido a sus contenidos copiosos de agua y fibra, las frutas abastecen de un volumen relativamente alto en un paquete bajo en calorías, haciendo aún más difícil que podamos comerlas en exceso. Todos hemos sido enseñados que los dulces nos sacian, y hemos llegado a depender de este hecho al escoger comer nuestros postres dulces al final de nuestras comidas.

Cuando comemos postres dulces al final de nuestras comidas podemos notar dos cosas:

· Sin importar cuánta comida consumimos, seguramente nuestro apetito no se sació, o de otra forma no hubiéramos sido tentados por un postre dulce.
· Se consumió una cantidad insuficiente de carbohidratos simples durante la comida, dejándonos un fuerte deseo por esos mismos carbohidratos al final de la comida. Esta es la evidencia de nuestra necesidad natural y sustancial por estos carbohidratos simples. 

El comer suficiente cantidad de fruta al inicio de la comida hace muy probable que no se presente el deseo por otros alimentos. Ningún otro grupo alimenticio iguala la habilidad de la fruta para saciarnos. 

Mono comidas: Comiendo un alimento a la vez

Consumir una “mono comida” de un solo ingrediente de fruta es una experiencia extremadamente agradable simplemente porque es tan saciante y a la vez, tan poco complicado. El minimalismo de la comida va en contra de nuestro acercamiento habitual de hacer comidas de muchos alimentos a la vez, con su acompañante atracción a las papilas gustativas, lo cual nos permite evitar la adicción a la estimulación y al comer en exceso.

Tomando en cuenta la forma en que la mayoría de las personas comen, me siento cómodo en decir que la adicción surge de la variedad. Dado que la comida de una sola fruta no estimula al cuerpo, y es fácilmente digerible, no nos deja lentos ni fatigados después de comer, sino más bien listos y con claridad mental. Quedamos perfectamente satisfechos y con estabilidad mental.

En un primer intento, la mono comida puede parecer “aburrida,” dado que estamos tan acostumbrados a la estimulación de consumir varios ingredientes en una sola comida. Con el tiempo, la simplicidad de comer una sola fruta mejora la digestión e intensifica tus sentidos, para que puedas distinguir las sutiles diferencias de cada bocado de las comidas de plantas crudas. Como un beneficio extra, serás capaz de reconocer mejor cuándo estás realmente satisfecho.

¿Se supone que me sienta lleno?

Dado que la clave para comer hasta llenar mientras que al mismo tiempo obtenemos el número adecuado de calorías para nuestros cuerpos es consumir alimentos de carbohidratos simples, altos en volumen y ricos en nutrientes, entonces ¿qué alimentos deben predominar? La verdad es que el cuerpo humano sólo tiene una cierta capacidad. Mientras que es posible obtener una nutrición adecuada de una variedad de distintas fuentes de alimentos, es más fácilmente obtenible de algunas comidas que de otras. Por ejemplo, la lechuga es altamente nutritiva en términos de nutrientes por caloría, pero sería extremadamente difícil—básicamente imposible debido a la naturaleza finita de
nuestra capacidad digestiva—consumir suficiente lechuga para satisfacer nuestros requerimientos calóricos. (A 50 calorías por una cabeza de 300 gramos, tendríamos que comer 40 cabezas por día para obtener 2,000 calorías).

En el lado opuesto del espectro, es posible poner los micronutrientes requeridos para satisfacer nuestros requerimientos de nutrientes diarios totales en una sola pequeña pastilla. (Por supuesto, nuestras necesidades de macronutrientes—agua, carbohidratos, fibra, y proteína—no se prestan a consumirse en forma de píldora.) Si fueras a consumir tal pastilla, la falta misma de volumen provocaría una tremenda e insistente sensación de hambre que sólo podría ser satisfecha por el consumo de más volumen.

¿Cómo obtenemos volumen, nutrientes y azúcares simples, todo al mismo tiempo? Comiendo fruta dulce. Debido a su alto contenido de fibra y agua, la fruta provee más volumen con menos calorías que cualquier otra categoría de alimentos con excepción de las verduras. Así pues, podemos satisfacer nuestras necesidades calóricas sin excedernos, al mismo tiempo que llenamos nuestro deseo innato de consumir alimentos en un volumen grande. Debido a su alto volumen, pocas calorías, y abundancia de nutrientes incluyendo azúcares simples, consumir una comida dulce predominada por fruta está destinada a ser saciante en toda ocasión.

 

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