Estabilizando el peso corporal

Hemos sido capaces de determinar nuestro porcentaje de grasa corporal de forma bastante certera desde aquel día especial hace más de 2,000 años atrás cuando Arquímides corrió desnudo a través de las calles de su pueblo natal gritando “¡Eureka!” al haber descubierto mientras se bañaba un método válido de picnometría—la ciencia de medir y comparar las densidades o gravedades específicas de líquidos o sólidos. Sin embargo, no fue hasta las últimas décadas que este tema se volvió importante para cualquiera ajeno al mundo de los atletas de talla mundial.

Hoy día, ya que monitorear nuestro peso se ha vuelto un pasatiempo nacional, más y más personas se están dando cuenta de la relación entre la grasa corporal y el peso corporal total. Aún así, los malos entendidos acerca de la composición corporal están muy difundidos.

Lo que la gente no sabe sobre la composición corporal

Sin duda, el control de peso y sus implicaciones son temas de gran importancia. Los efectos secundarios de la obesidad son innumerables, y afecta a casi cada área de nuestras vidas privadas y sociales. Conforme nuestro peso progresa más allá de los niveles sanos y normales, se comprometen nuestra salud mental, auto-imagen, aptitud física, higiene personal, rendimiento en el trabajo, relaciones y muchas otras cosas. ¿Pero qué constituye nuestra masa corporal y cómo entenderla puede ayudarnos a lograr nuestros objetivos de peso?

Tres elementos conforman nuestro peso corporal: agua, tejido magro y grasa. El agua forma tanto como 70% de nuestra masa total. El tejido magro incluye nuestros huesos, músculo, y otras masas sin grasa. La grasa constituye el resto de nuestro peso. El tejido magro contiene más agua y es más denso que la grasa. El alto contenido de agua en el tejido magro transmite fácilmente las señales eléctricas, este hecho es utilizado por el método más común de medición del porcentaje de grasa corporal, el monitor de bioimpedancia.

En el pasado no tan distante, cuando virtualmente todos tenían un porcentaje de grasa corporal relativamente bajo y cargaban poco exceso de peso en grasa, el peso por si solo servía para predecir con bastante certeza la forma de una persona. Hoy día, en que la obesidad consume a más de la mitad de la población, el peso por si solo no es más un indicador adecuado para saber cómo nos vemos.

Para lograr entender mejor las sutiles diferencias de la composición corporal y las relaciones entre el agua, el tejido magro y la grasa, debemos mirar profundamente a la ciencia de la pérdida y la ganancia de peso. Considera lo siguiente:

Podemos ganar peso en agua mientras perdemos grasa

La pérdida de grasa viene acompañada típicamente por una pérdida de peso, pero no siempre. Es posible ganar músculo y/o agua mientras perdemos grasa. Podemos fácilmente subir más nuestro peso en agua de lo que perdemos en grasa, lo cual resulta en una ganancia neta en peso. Esto es cierto dado que el agua pesa mucho más que la grasa, volumen por volumen, así que una pequeña ganancia de peso en agua puede igualar o exceder la cantidad perdida en conjunto con una cantidad considerable de grasa corporal.

Aún si estás perdiendo grasa de manera consistente, el simple hecho de agregar un poco de sal extra en la dieta puede negar cualquier potencial pérdida de peso. El gran volumen de agua que el cuerpo necesita para diluir las toxinas en la sal, en cualquier forma, resulta en una ganancia neta de peso. 

También podemos ganar peso en músculo mientras perdemos grasa

Es posible el caso, aunque no tan común—dado que el crecimiento muscular tiende a ser bastante lento—cuando te ejercites lo suficiente para lograr ganar más peso en músculo de lo que pierdes en grasa, resultando en una ganancia neta de peso. Cuando todos los otros factores permanecen iguales es cuando la pérdida de grasa sí resulta en una pérdida de peso. 

Podemos estar “muy delgados” y con exceso de grasa al mismo tiempo

Cuando las personas delgadas tienen el deseo de subir de peso, ellos usualmente fracasan en reconocer que necesitan ganar músculo, no grasa. Casi cada cliente que ha venido a mí queriendo acortar su pérdida de peso porque pensaban que se estaban volviendo “muy delgados” de hecho aún necesitaban perder algo de grasa. En más de veinte años de aconsejar gente en cuestiones de salud, nutrición y rendimiento atlético, yo he conocido sólo dos individuos que de hecho querían y necesitaban subir su peso en grasa.

Lo que realmente pasa cuando las personas se animan a comer sanamente es que la grasa empieza a disminuir y ellos creen que están perdiendo músculo, porque nunca se dieron cuenta del poco músculo que realmente cargaban. La gente en esta situación necesita ganar músculo mientras siguen perdiendo grasa. Esto requiere ejercicio. 

Una cliente, una modelo elegante y sofisticada, llego a mi diciendo que ella haría lo que fuera que yo sugiriera para poder extender su belleza juvenil, pero ella no podía darse el lujo de perder más peso. Ella era alta y larguirucha y se veía escuálida, y se notaba que requería de más masa muscular. Cuando medimos su grasa corporal, ella estaba asombrada al descubrir que era de casi 29%—al menos 10% arriba de lo que yo consideraría saludable. Ella no necesitaba perder peso; ella necesitaba perder grasa mientras subía músculo. Ella hizo justamente eso y continuó su carrera de modelaje por muchos años más.

Comer hasta hartarse de grasa no es una estrategia para subir de peso

Muchas personas que comen grandes proporciones de grasa pierden una gran cantidad de peso. ¿Cómo puede ser esto? Consumir una dieta que es baja en carbohidratos y rica en grasa puede dejar a las personas con un apetito deprimido, lo cual los guía a consumir menos calorías. Además, a pesar de que algunos pueden lidiar con la grasa dietética bastante eficientemente (y aún así consumir muchas calorías), la mayoría de nosotros no digerimos ni asimilamos la grasa así de bien. Esto significa que aún cuando nosotros consumamos el mismo número de calorías de alimentos altos en grasa en vez de una dieta baja en grasa, podemos experimentar una reducción efectiva neta en la ingesta calórica. Por supuesto, la pesada grasa interfiere con la absorción de nutrientes también. Esto es un problema complicado, dado que una dieta alta en grasa ya es de por si pobre en nutrientes.

La gente con exceso de grasa está malnutrida

No podemos estar sanos cuando cargamos exceso de grasa, dado que nuestra salud no puede ser mejor que su eslabón más débil. Al mismo grado en que estamos excedidos de grasa corporal, también estamos típicamente malnutridos: entre más grasa, más malnutridos. La persona obesa que come sólo frutas y verduras es virtualmente desconocida; nosotros engordamos cuando consumimos alimentos que no son óptimos en nutrición—los alimentos que son pobres nutricionalmente y empobrecen nuestra asimilación de nutrientes. Así pues, la gordura y la malnutrición están vinculadas inseparablemente.

Las personas con exceso de grasa no pueden estar “perfectamente sanas”

Nos gusta pensar de nosotros mismos como perfectamente sanos, inclusive cuando sabemos que no es cierto. Decimos cosas como, “A excepción de mi diabetes, estoy perfectamente sano,” o “Aparte de su maldita asma y sus 40 kilos de sobra, él está perfectamente sano.” Nos asombramos cuando alguien que considerábamos perfectamente sano muere súbitamente de un ataque al corazón o infarto. Pero toma nota: la gente en perfecta salud simplemente no cae muerta. Mientras que una perfecta salud es nuestro estado natural, sólo ocurre cuando nos cuidamos a nosotros mismos perfectamente.

¿Qué tanta grasa corporal es saludable?

Para poder vivir sanamente a través de toda nuestra vida, debemos aprender a mantener tanto nuestro peso como nuestro porcentaje de grasa corporal. Para los hombres, un porcentaje de grasa corporal sano está en el rango de las cifras de un solo dígito. Para las mujeres, el rango ideal es alrededor de diez puntos más que el hombre. (Ciertamente es posible para las mujeres perder demasiada grasa corporal, a pesar de lo que las revistas del glamour nos quieran hacer creer. Las mujeres pueden desarrollar infertilidad, osteoporosis, desordenes alimenticios, desbalances hormonales y otras serias condiciones cuando su grasa corporal baja a las cifras de un solo dígito.

La mayoría de las guías tradicionales de profesionales médicos o del deporte dan números significativamente mayores que mis recomendaciones. 

Esta discrepancia surge del hecho de que yo igualo a la salud con la aptitud física y la capacidad atlética, esencialmente viendo a ambos como inseparables. En contraste, el gobierno y los “expertos” médicos y del área del deporte distinguen al atleta y lo separan del individuo sano, dándole clasificaciones separadas, como si fuera posible estar sano sin ser atlético. A pesar de que podemos de hecho sentirnos bien y vivir libres de síntomas por varios años como individuos sedentarios, esta estrategia fracasa de forma segura con el tiempo. No debemos engañarnos a nosotros mismos al creer que cualquier estado cercano a la verdadera salud es posible sin ejercicio vigoroso y regular.

Estrategias para incrementar la masa muscular

Aumentar la masa muscular es una forma de disminuir el porcentaje de grasa corporal total. Conforme el porcentaje de tejido magro incrementa, el porcentaje de tejido graso automáticamente disminuye. Si tú eres delgado pero aún así cargas un porcentaje de grasa corporal mayor al saludable, entonces esta es una excelente forma de lograr tu composición corporal ideal, ya que incrementar la masa muscular tiene el efecto secundario de facilitar la pérdida de grasa. ¿Cómo ocurre esto? Cuando nosotros añadimos músculo, incrementamos nuestro requerimiento calórico del cuerpo. Para muchos de nosotros, existe un lapso de tiempo en el que nos acostumbramos a consumir más alimento. Durante este período, nuestros cuerpos comúnmente utilizan las grasas almacenadas para compensar el déficit de calorías, reduciendo nuestro porcentaje de grasa corporal. 

 

 

Desafortunadamente, la masa muscular se pierde fácilmente. La frase “úsalo o piérdelo” definitivamente aplica, ya que los músculos deben ser usados en una forma constante para poder incrementar y mantener su tamaño. Día con día, la pérdida de músculo rara vez implica inclusive la centésima parte de un uno por ciento de nuestras fluctuaciones de peso corporal. Por otro lado, la pérdida de músculo puede representar una cantidad considerable del peso perdido de una persona activa cuando se vuelve totalmente sedentaria, como en el caso de un descanso en cama extendido que se requiere en situaciones de enfermedad extrema o en la recuperación de un accidente debilitante. Podemos medir la atrofia muscular a las 24 horas de haber iniciado el descanso completo. Afortunadamente, los músculos recuperan su tamaño anterior de forma relativamente fácil cuando reanudamos actividades, inclusive después de meses de convalecencia o semanas de ayunar con agua. Por supuesto, si somos activos y luego nos volvemos inesperadamente sedentarios y continuamos comiendo tanto o más que lo que comíamos antes, vamos a ganar grasa, ya que el cuerpo almacena el exceso de calorías como grasa, no como músculo.

Ganar músculo es la única forma verdaderamente saludable de subir de peso e incrementar tu tamaño sin correr el riesgo de crear desbalances hormonales que resultan de albergar exceso de grasa corporal. La única forma de ganar peso en músculo es “pidiéndole” a tu cuerpo a que crezca a través de las demandas de las actividades del entrenamiento de fuerza. El entrenamiento de fuerza pura se define técnicamente como “una repetición máxima,” o “1RM,” lo que significa que puedes levantar ese peso en particular una vez como máximo antes de que resulte la fatiga muscular. Comúnmente, las personas mejoran su fuerza levantando pesas en no más de 4 sets de una a cinco repeticiones cada uno. Entrenar la fuerza unas cuantas veces por semana es todo lo que se necesita para desarrollar tu nuevo cuerpo atlético.

Perdiendo o ganando grasa…La forma correcta y equivocada

El método más simple para perder grasa es consumir menos calorías totales cada día que la cantidad que utilizas. Estimar las calorías consumidas contra las calorías utilizadas puede proveer una muy buena aproximación de tu potencial tasa de pérdida de peso. Dado que una libra de grasa contiene 3,500 calorías, si cada día gastas 115 calorías más de las que consumes, irás perdiendo bastante confiablemente una libra por mes. No es necesario hacer tales cálculos de forma frecuente; típicamente sólo necesitas encontrar tu consumo y tu gasto de calorías para desarrollar un entendimiento y una rutina. Una vez que establezcas hábitos sanos diariamente, llevar un registro de tu dieta y ejercicio se volverá una cosa del pasado.

Otra forma de lograr una pérdida neta de calorías para la reducción de peso es hacer un compromiso de añadir ejercicio regular a tu rutina diaria. Debes ser paciente con esto, ya que caminar a ritmo veloz una milla por día sólo permite perder, en promedio, 1 libra cada mes. Esto asume, obviamente, que todos los otros factores, incluyendo la ingesta total de calorías, permanecen relativamente constantes durante ese período.

La verdad detrás de la desintoxicación

La tendencia entre los crudívoros de atribuirle poderes mágicos, tales como propiedades “limpiantes”, a los alimentos es un malentendido. Los alimentos crudos no limpian, simplemente son los alimentos para los que estamos diseñados. Consumirlos le provee al cuerpo la energía necesaria para librarse a si mismo de las toxinas que han sido mantenidos en suspensión con agua. El cuerpo hace esto a través de sus mecanismos normales—los órganos de eliminación y desintoxicación.

Nuestro hígado y riñones siempre están trabajando para desintoxicarnos. Cuando consumimos la dieta Americana estándar, estos órganos trabajan tiempo extra simplemente para estar al corriente, dado que estamos consumiendo constantemente la misma cantidad de toxinas que las que eliminamos (o más). Cuando cambiamos a una dieta cruda, el hígado y los riñones tienen la oportunidad de ponerse al día. Finalmente pueden progresar en desintoxicar el cuerpo y reducir su carga tóxica.

 

 

Un litro de agua pesa un kilo, así que la pérdida de peso puede ser dramática cuando estamos perdiendo peso como resultado de reducir la carga tóxica del cuerpo. Yo he visto personas perder 12 y hasta tanto como 18 kilos en la primera semana en que cambian a una dieta completamente cruda. Rara vez más de ½ kilo de este peso es de hecho una pérdida de grasa. Como regla, los cambios rápidos de peso siempre representan pérdidas o ganancias de peso en agua. Bajo ninguna circunstancia puede una persona perder ½ kilo de grasa por día, en cualquier dieta. Los programas que prometen a las personas “perder hasta 5 kilos en las primeras 48 horas” son engañosos. Es
posible perder 5 kilos de agua en unas pocas horas, pero sólo una persona extremadamente activa podría perder de forma realista más de ½ kilo de grasa por semana.

Pérdidas repentinas de peso en nuevos crudívoros

Varias experiencias notables son bastante comunes cuando las personas inician a consumir alimentos crudos, especialmente cuando cambian a una dieta que es exclusivamente cruda y vienen de una que era principalmente cocinada. El primer cambio dramático que las personas notan frecuentemente es una pérdida de peso rápida y dramática. Esto no ocurre siempre, pero ciertamente es la regla, no la excepción. Usualmente, las personas perciben esto como algo bueno, porque tienen un exceso de peso que perder. Después de que pierden el peso en agua inicial en la primera semana o dos en una dieta cruda, muchas personas hallan que siguen perdiendo peso, aunque mucho más
lentamente. Es muy probable que esta pérdida de peso subsecuente represente una pérdida de grasa. Por supuesto, en algún punto, inclusive estas pérdidas deben ser detenidas, o la persona simplemente desaparecerá.

“¡Yo creía que tenía más músculo!” 

Muchas personas, después de semanas o meses de comer crudo, están seguras que su dieta les está provocando perder músculo. Nunca se habían visto a si mismos tan delgados. Lo que realmente ocurre durante la pérdida de peso es que perdemos bastante del relleno (grasa) que existe alrededor de nuestros músculos y también de la grasa que se encuentra adentro de nuestros músculos. Además, en una dieta cruda, empezamos a perder el agua que solíamos retener para diluir toxinas. Esta agua también se sumaba a la apariencia de músculos inflados. Muchas personas equivocan este exceso de grasa y agua como parte de sus músculos. 

Frecuentemente, las personas me dicen que en una semana o dos de una dieta cruda ellos perdieron todo su músculo. Esta es una imposibilidad fisiológica absoluta. A pesar de lo que todos hemos escuchado, ninguna dieta de cualquier tipo resulta en pérdidas detectables de músculo—ni en ganancias de músculo. Si existiera una dieta que resultara en ganancias de músculo, los fisicoculturistas estarían en las cocinas, en vez de en gimnasios. Ganamos o perdemos músculo debido a variaciones en nuestros programas de actividad física, no a través de cambios dietéticos. A pesar de lo que se nos ha dicho a todos, consumir proteína (o cualquier otro nutriente) no va a asistir en el proceso de construcción muscular66. Si tú crees en tales engaños publicitarios, te han vendido sólo chatarra.

Si ellos entendieran de composición corporal, y fueran honestos consigo mismos, estas personas dirían con mayor precisión, “Yo pensaba que tenía mucho más músculo del que realmente tengo. Entonces cuando perdí mi exceso de agua que inflaba mis músculos, me vi forzado a aceptar la realidad de que no estaba tan musculoso como yo creía.” 

Deshidratación y peso corporal

La deshidratación es considerada un contribuyente a más enfermedades relacionadas al estilo de vida que cualquier otro factor único con excepción de la grasa. Cuando nuestra proporción de toxinas a agua tiende en dirección de las toxinas, la función celular se ve comprometida. Esta toxicidad afecta virtualmente cada función en el cuerpo. Corregir la deshidratación comúnmente remedia la dificultad relacionada con la pérdida de peso, ya que la función de los órganos y los niveles de energía mejoran considerablemente.

 

 

La moneda de la deshidratación tiene dos lados: ¿será literalmente un estado de “no hay suficiente agua” o será una condición de “hay demasiadas toxinas”? La respuesta correcta es, “ambas.” Cuando una persona está a punto de morir de deshidratación, las toxinas en su cuerpo se han vuelto tan concentradas para que su cuerpo pueda lidiar con ellas. La cantidad de toxinas no incrementa; simplemente están menos diluidas, y así pues, más concentradas.

Pocas personas discutirían el hecho de que la comida cocinada es baja en agua. Después de todo, si pusiéramos un pan tostado en un extractor de jugos, ningún líquido saldría. Si pusiéramos una olla de agua en un horno a 400 grados Fahrenheit por una hora (205°C), la mayoría, si no es que toda el agua acabaría evaporada. Lo mismo ocurre al agua de los alimentos cuando es cocinada. El horno trabaja igual que un deshidratador. La mayoría de nosotros no nos damos cuenta qué tan crítico es este tema para nuestra salud.

Cuatro formas en que nos deshidratamos

La hidratación es un factor importante en todos los aspectos de nuestra salud, e inclusive en nuestro peso. Cuando utilizamos una báscula de bioimpedancia para medir la grasa corporal, debemos considerar nuestro nivel de hidratación para obtener lecturas confiables. Tanto la deshidratación como la retención de agua distorsionan nuestras lecturas. La hidratación también va más allá de la cantidad de agua que consumimos, ya que la deshidratación ocurre por diferentes razones.

Carga tóxica incrementada

La forma más común en que nos deshidratamos es cuando nuestra ingesta de toxinas se eleva en relación a nuestra ingesta de agua. Cocinar produce muchas toxinas que provocan que el cuerpo requiera agua adicional. Entre las más virulentas de éstas están la acroleina producida por freír a altas temperaturas y los hidrocarburos policíclicos aromáticos liberados al asar al carbón y otros métodos de cocción que oscurecen o convierten en cenizas nuestros alimentos. 

Dos productos comunes que se encuentran en la mayoría de los hogares pueden, de hecho, ser las sustancias más tóxicas consumidas popularmente. La sal de mesa común es tan tóxica que inclusive cuando está extremadamente diluida, como en el agua de mar, sigue siendo mortal. Todos los marinos saben que si ellos beben agua de mar morirán de deshidratación. La sal debe ser enormemente diluida con agua antes de que el cuerpo pueda tolerarla. El alcohol, el segundo veneno mortal hogareño, tiene una toxicidad similar. Actúa como diurético y causa una pérdida sustancial de agua. Pocas sustancias nos deshidratan y debilitan tan efectivamente como el alcohol.

Baja ingesta de agua vs. carga tóxica

La segunda forma en que nos deshidratamos es cuando la ingesta de agua es baja en relación a la ingesta de toxinas. Si vamos a asumir (correctamente) que la cantidad necesaria de agua está en nuestros alimentos de plantas frescas previos a su cocción, entonces podemos estar seguros de que queda una cantidad insuficiente después de que los cocinamos. 

Cocinar remueve el agua de la comida. Esto explica por qué una papa cocinada al horno pesa mucho menos que la misma papa cuando estaba cruda. (Es cierto que la cocción puede utilizarse como un método para hidratar alimentos secos, como en el caso de cocinar arroz o lentejas, pero ésta es la excepción, no la regla.) Al sacar el agua con la cocción se logra cambiar efectivamente la proporción de agua a toxinas en los alimentos a favor de las toxinas, al mismo tiempo de que se eleva el nivel de toxinas en el alimento. Así que el proceso de cocinado termina en un doble golpe —no sólo se remueve el agua, sino que una gran cantidad de toxinas son creadas en el proceso,
incrementando nuestra necesidad de agua.

 

 

Desafortunadamente, no es parte de la naturaleza humana beber agua; debemos aprender a hacerlo. Déjame explicártelo. En la naturaleza, varias veces al día, muchos animales van a visitar el “pozo de agua” para beber. Algunos animales, especialmente los que pastan, se caracterizan por beber enormes cantidades de agua. Los simios antropoides, por su parte, (biológicamente, los seres humanos se clasifican como simios antropoides) rara vez se les observa beber agua, pero pueden hacerlo si es necesario. Sus lenguas no están diseñadas para jalar agua a lengüetadas de la forma en que los carnívoros lo hacen, así que tienen que succionar agua si quieren beber. Imagina la posición
que tendrían que asumir para lograr beber: esencialmente, ellos estarían “ciegos” para sus enemigos mientras que agachan sus cabezas y hombros y exponen vulnerablemente sus partes privadas. 

Beber agua simplemente no es necesario para los antropoides. A excepción de los humanos, ellos no se provocan su propia sed. Ellos no se involucran en las actividades, ni consumen los alimentos, que acaban en sed. Recuerda, estos animales viven en los trópicos, comúnmente bajo intenso calor, donde nosotros esperaríamos que ellos necesitasen beber cantidades copiosas de agua. Es cierto que los antropoides realizan bastante ejercicio y son bastante aptos físicamente; todos hemos visto películas donde ellos trepan y bajan árboles y sogas sin esfuerzo. De hecho, libra por libra, ellos son alrededor de cinco veces más fuertes que los humanos. Ellos pasan la mayor parte de su día en la
sombra. Descansan durante el calor del mediodía. Y consumen una dieta cruda baja en grasa compuesta principalmente de frutas y verduras enteras, frescas, maduras y orgánicas. (Alrededor del 1% de la dieta de los antropoides se compone de insectos, pequeños reptiles y otros alimentos de carnes.)

Producción de toxinas endógenas incrementada

La tercera forma en que nos deshidratamos es cuando nuestra producción de toxinas “endógenas” se eleva en comparación a nuestra ingesta de agua. Cada célula del cuerpo genera productos de desecho tóxicos como resultado del propio metabolismo, y muchos tejidos, glándulas y órganos también producen toxinas como resultado de su metabolismo. Estas toxinas producidas internamente son llamadas toxinas endógenas. (En contraste, las toxinas que provienen de fuera del cuerpo son llamadas toxinas exógenas. Éstas provienen de nuestros alimentos, aire y otros aspectos del medio.)

Conforme nuestros niveles de actividad física o estrés aumentan, también la cantidad de toxinas endógenas que producimos, al mismo tiempo que el trabajo de las células se incrementa. Esta es una de las razones por las cuales se nos dice que bebamos agua antes, durante y después del ejercicio o en otras actividades físicas—para diluir las toxinas que producimos. 

Altas pérdidas de agua

Cuando perdemos agua más rápidamente de lo que podemos reemplazarla, también podemos deshidratarnos. La altitud, el calor, la luz del sol, el viento, la humedad y el ejercicio están entre los factores primarios que pueden provocarnos perder agua. Algunas veces, estas pérdidas de agua no son tan obvias para nosotros. Por ejemplo, en condiciones de alto calor y baja humedad, especialmente si el viento está soplando, nuestro sudor puede evaporarse a la misma velocidad que se produce (comparado con las condiciones de alta humedad, donde las gotas de sudor llaman nuestra atención). A baja humedad, nuestra piel y nuestras ropas se mantienen frescas y secas, aún
cuando estamos sudando libremente.

Podemos perder mucha más agua de la que nos damos cuenta en un avión, donde el aire está presurizado a una altitud de 6,000 pies y es increíblemente seco. Tales pérdidas de agua insidiosas son consideradas algunas veces más peligrosas que la sudoración provocada por ejercitarse en condiciones de alta humedad67. En ambos casos hay que reemplazar el agua perdida. 

Nosotros no tenemos una alta tolerancia a las variaciones de nuestra proporción de agua a toxinas. El americano promedio experimenta síntomas de deshidratación después de perder sólo 1% de su peso corporal como agua (alrededor del 2% de volumen de agua normal). Para un hombre de 100 kilogramos, esto equivale a sólo un kilogramo, o un litro de agua. La deshidratación ligera diagnosticable médicamente inicia a un nivel de 5% de pérdida de fluidos, y 15% es considerada como severa.

 

 

En muchas competencias físicas de importancia los competidores son pesados periódicamente a través del evento. Dado que todos los cambios rápidos de peso casi exclusivamente representan peso en agua, los niveles de deshidratación pueden medirse bastante confiablemente a través del proceso de pesado. En caso de que el atleta muestre un 5% de pérdida de peso, él o ella es considerado(a) como peligrosamente deshidratado como para ser removido(a) de la competencia. Para la mujer triatleta de 50 kilogramos, una pérdida de peso de cinco por ciento equivale a sólo 2.5 kilogramos (igual a 2.5 litros o 10 tazas de agua.) 

La comunidad médica nos dice que deberíamos beber de 8 a 12 vasos de 250 a 355 mL de agua diariamente. A pesar de que no lo expresan de tal forma, esta recomendación es necesaria para compensar la deshidratación provocada por las toxinas en nuestros alimentos. ¡Interesantemente, el ejemplo anterior nos muestra que el atleta va a ser removido de la competencia por estar tan deshidratado como el americano promedio! Si este grado de deshidratación es tan peligroso para los atletas acondicionados físicamente, (la gente que pasa mucha parte de sus vidas adaptándose a extremos) imagínate qué tan peligroso no será esta situación para el individuo menos apto.

Tiene mucho más sentido común remover la causa del problema, en vez de continuar con la causa e introducir un remedio. Beber enormes cantidades de agua después de provocar una deshidratación extrema no es la opción más saludable. No importa que la causa sea el consumo de comidas cocinadas o deshidratadas o toxinas exógenas. A pesar de que “la solución a la polución es la dilución,” es mucho mejor evitar la polución en primer lugar.

Una persona se puede deshidratar cuando hace cambios dietéticos si no están conscientes que tal problema pudiese surgir. Asombrosamente, algunos programas dietéticos incluyen tales prácticas deshidratantes como consumir mucha sal y beber cantidades mínimas de agua. Debería ser enfatizado que la deshidratación es peligrosa, y empobrece todas las otras funciones en el cuerpo. Evita cualquier programa dietético que induzca un estado de deshidratación, a toda costa.

¿Estás deshidratado?

Aproximadamente 75% de la población está crónicamente deshidratada y simplemente no lo sabe, dado que los síntomas parecen normales para ellos. Habiendo vivido con sus síntomas por tanto tiempo, ellos ni siquiera saben como se sentiría un nivel saludable de hidratación. Cuando finalmente logran los niveles saludables y normales de hidratación como resultado de mejoras en el estilo de vida, las personas algunas veces creen que hay un problema; ellos nunca habían experimentado antes una hidratación apropiada.

A pesar de que la deshidratación tiene muchos síntomas, uno de los más comunes es la fatiga. Por supuesto, muchos factores pueden terminar en fatiga, pero si lo estás, toma en consideración si la deshidratación pudiese ser la causa. Otros indicadores claros de deshidratación incluyen los siguientes:

· Tu orina es de color amarillo profundo u oscura, en vez de casi transparente.
· Tú orinas menos de seis veces en 24 horas. De ocho a doce veces por día se considera como una frecuencia saludable.
· Tu describirías el volumen de orina desalojado como “escaso” en vez de “satisfactorio.”

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