Somos una sociedad de adictos a la adrenalina

Como sociedad, nos hemos convertido en algo muy similar a adictos a la adrenalina. Estamos adictos a la estimulación, y dependemos de nuestra siguiente “dosis” constantemente. 

Desde la sorpresa al sonar el reloj despertador y nuestro café matutino, a los encabezados de los periódicos y el comportamiento extremo en los programas de televisión del día de tipo talk-shows, a las películas, deportes para espectadores, y shows de televisión “de la vida real” diseñados para evocar emociones intensas, hasta las comidas de restaurante que se promueven más por su valor de excitación que por su nutrición, a través de todo el día hasta las noticias de las once de la noche que están repletas de historias de muerte y destrucción, seguimos llamando más adrenalina. Si existiera un hueco en la “acción” nos sentiríamos somnolientos, un signo claro de agotamiento. Estamos literalmente viviendo en un estado de fatiga de glándulas adrenales constante.

Esta demanda de adrenalina excesiva, junto con el alto estrés de nuestro estilo de vida americano, resulta en un uso excesivo tan extremo de las adrenales que eventualmente empiezan a fallar. 

Los síntomas de falla adrenal severa son llamados colectivamente como “fatiga crónica” en los Estados Unidos, o encefalomielitis miálgica (EM o ME, por sus siglas en inglés) en Europa. Por supuesto, muchos signos y síntomas usualmente llevan a la fatiga crónica; raramente llega como una sorpresa total. La falta de motivación, malestar, dependencia sobre los estimulantes, la necesidad excesiva de sueño, y ataques de mononucleosis son todos indicativos de varios grados de fatiga adrenal.

Las subidas de azúcar en los niños

La respuesta adrenal también juega un rol clave en lo que le ocurre comúnmente a los niños en las fiestas de cumpleaños. Consumen porciones generosas de comidas extremadamente azucaradas, y poco tiempo después están corriendo de forma salvaje, literalmente fuera de control y casi fuera de sus propias cabezas. ¿Qué ocurre, y por qué no le ocurre a los adultos?

La respuesta es bastante simple. Los niños jóvenes no beben café, fuman cigarros, usan relojes despertadores ni miran las noticias de las once. La vida para ellos es interesante, llena y nunca aburrida o chata. Ellos tienen un nivel de vitalidad superior que el de la mayoría de los adultos, lo que significa que sus glándulas adrenales todavía funcionan bien. Ellos están, sin embargo, en la misma dieta alta en grasa que los adultos.

Así pues, cuando los niños consumen grandes cantidades de azúcar en cumpleaños, Halloween, y otras ocasiones, ellos detonan una versión particularmente vigorosa de la reacción en cadena que yo he descrito en este capítulo. Las grasas que quedaron en sus torrentes sanguíneos de las comidas del día anterior bloquean la función de insulina tan efectivamente como lo hacen en los adultos. Entonces sus jóvenes y todavía no tan agotadas glándulas adrenales entran en acción con una descarga, liberando una buena cantidad de epinefrina (adrenalina). Lo siguiente que te das cuenta es que los niños corren salvajemente.

Los adultos no muestran tal respuesta porque ellos simplemente ya no tienen la vitalidad para hacerlo. Sus glándulas adrenales están tan cansadas que requieren de una verdadera y seria emergencia para siquiera funcionar. No culpes a los niños por correr como locos. La epinefrina tampoco es la culpable, ni el azúcar.

Los niños en una dieta baja en grasa no muestran esta misma respuesta de estar fuera de control cuando se les permite consumir grandes cantidades de azúcar. Es la grasa, más que el azúcar, el responsable de la hiperactividad. De la misma forma, la grasa—no el azúcar—es la responsable de
la cada vez mayor incidencia de síndrome de fatiga crónica (bajo cualquier nombre) que observamos en los Estados Unidos y en el mundo hoy día.

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