La Sabiduría de los Psicópatas

Hay puestos en la sociedad, trabajos y papeles que cumplir que, por su naturaleza competitiva, agresiva o fríamente coercitiva, requieren acceso a un tipo de residencia psicológica del que los psicópatas tienen las llaves, y que tienen de oferta en sus llamativos folletos neurológicos. Dado que tales papeles a menudo llevan consigo grandes riquezas, estatus y prestigio para los individuos que los asumen, y que, tal y como nos ha mostrado Peter Jonason, los chicos malos parece que siempre acaban teniendo éxito con determinadas chicas, no resulta sorprendente que esos genes sigan por aquí.

Párrafos seleccionados de Dutton, K. (2014) La Sabiduría de los Psicópatas. Todo lo que los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre la vida. Buenos Aires, Ed. Ariel.

Angela Book averiguó que a los psicópatas se les da mejor que a los no psicópatas distinguir a las víctimas de un ataque violento sencillamente por la forma que tienen de andar.

Hay estudios que demuestran que la mejor manera de que alguien te hable de sí mismo es contarle algo de ti mismo. La revelación de uno mismo requiere reciprocidad. También está demostrado que si quieres evitar que alguien recuerde algo, la clave está en la distracción. Y por encima de todo, en usarla con rapidez. Y en psicologia clinica, llega un momento prácticamente en todas las intervenciones terapéuticas en que el terapeuta da con una veta de oro puro: descubre una época, un momento definitorio o un incidente que o bien precipita el problema subyacente, o bien lo resume, o ambas cosas. Y eso no se aplica solo a la disfunción. Las estructuras principales de la personalidad, el estilo interpersonal, los valores personales, todas esas cosas a menudo se revelan mucho mejor en la trama pequeña de las vidas de las personas.

El psicólogo Stephen Porter ideó un experimento que demostró que los psicópatas eran mucho más convincentes a la hora de fingir tristeza cuando se les presentaba una imagen feliz, o felicidad cuando miraban una imagen triste, que los no-psicópatas. No solo eso, sino que eran igual de buenos que los voluntarios que puntuaban alto en inteligencia emocional.

Sabemos por estudios que los psicópatas tiene la materia gris reducida en el córtex anterior prefrontal, y recientes análisis usando la imagen con tensor de difusión (DTI por sus siglas en inglés), llevados a cabo por Michael Craig y sus colegas del Instituto de Psiquiatría de Londres, también han revelado una integridad reducida del fascículo uncinado: el tracto axonal (una especie de acueducto neural) conecta el córtex prefrontal y la amígdala.

Los psicópatas, en otras palabras, no solo tienen un talento natural para la duplicidad. También sienten el "pellizco moral" considerablemente menos que el resto de nosotros. No siempre es mala cosa a la hora de la verdad, cuando hay que tomar decisiones en la línea de fuego.

Unos investigadores de la Universidad Vanderbilt han observado que la concentración impasible y depredadora que suelen desplegar habitualmente los psicópatas podría verse reflejada en realidad en su cerebro. Lo que han descubierto arroja una luz totalmente distinta sobre lo que podría suponer ser un psicópata, y por tanto abre una perspectiva totalmente nueva precisamente sobre lo que les hace vibrar. En la primera parte del estudio, los voluntarios se dividieron en dos grupos: los que exhibían altos niveles de rasgos psicopáticos y los de la gama baja. Los investigadores dieron a ambos grupos una dosis de speed (más conocida como anfetamina) y usando una tomografía por emisión de positrones (PET por sus siglas en inglés), escudriñaron su cerebro para ver lo que pasaba.

"Nuestra hipótesis era que (algunos) rasgos psicopáticos (impulsividad, elevada atracción por las recompensas, toma de riesgos) están ligados a una disfunción en el circuito de recompensas de la dopamina -explica Joshua Buckholtz, el autor principal del estudio- y que debido a esas respuestas exageradas a la dopamina, en cuanto se concentran en la posibilidad de obtener una recompensa, los psicópatas son incapaces de alterar su atención hasta que tienen lo que andan buscando."

Coherentemente con tal hipótesis, los voluntarios que mostraban altos niveles de rasgos psicopáticos liberaban casi 4 veces más dopamina como respuesta a los estimulantes que sus homólogos no psicopáticos.

Pero eso no era todo. Se observó un modelo similar de actividad cerebral en la segunda parte del experimento, cuando en lugar de darles speed, a los participantes se les dijo que, al completar una tarea sencilla, recibirían una recompensa monetaria. Y efectivamente, el fMRI reveló que aquellos individuos con elevados rasgos psicopáticos exhibían una actividad mucho más significativa en el núcleo accumbens, la zona de recompensa de la dopamina en el cerebro, que aquellos que puntuaban bajo en psicopatía. 

"Ha habido una larga tradición de investigación en psicopatía que se ha centrado en la falta de sensibilidad al castigo y falta de temor", comenta David Zald, profesor asociado de psicología y psiquiatría, y coautor del estudio. "Pero esos rasgos no predicen demasiado bien la violencia ni la conducta criminal... Esos individuos parece que tienen una atracción tan grande por la recompensa (la zanahoria) que se sobrepone a la sensación de riesgo o preocupación por el palo... No es que no sean conscientes de la posible amenaza, pero la anticipación o motivación por la recompensa supera esas preocupaciones."

La intrepidez y concentración de los psicópatas se ha atribuido tradicionalmente a deficiencias en su procesamiento emocional, en concreto a una disfunción de la amígdala. Hasta hace poco, esto conducía a los investigadores a creer que además de no tener miedo, tampoco tenían empatía. Pero un estudio de 2008 de Shirley Fecteau y sus colegas del Centro Médico Diaconisa Beth Israel, en Boston, ha ofrecido una perspectiva totalmente distinta sobre el tema, sugiriendo que los psicópatas no solo tienen la capacidad de reconocer las emociones, sino que en realidad se les da mucho mejor que a los demás.

Fecteau y sus colegas usaron un TMS para estimular el córtex somatosensorial (la parte del cerebro que procesa y regula las sensaciones físicas) en el cerebro de unos voluntarios que puntuaban muy alto en el PPI. Investigaciones previas habían demostrado que observar que a otra persona le ocurría algo doloroso daba como resultado un bajón temporal en la excitación neural en respuesta al TMS, en la zona del córtex somatosensorial correspondiendo a la región afligida por el dolor: el trabajo de unas estructuras cerebrales altamente especializadas y adecuadamente llamadas neuronas espejo. Si los psicópatas carecen de la habilidad de tener empatía, conjeturaba Fecteau, entonces tal atenuación en la respuesta neural debería ser reducida en los individuos que puntuasen alto en el PPI, comparados con aquellos que tienen unas puntuaciones bajas... exactamente de la misma manera que los psicópatas podrían, en comparación con la mayoría de los miembros normales de la población, mostrar un contagio reducido al bostezo.

Los investigadores, sin embargo, se llevaron alguna sorpresa. Para su gran asombro, Fecteau y su equipo dieron con un resultado contrario al que esperaban. Los que tenían altas puntuaciones en PPI, en concreto aquellos que puntuaron alto en la subescala "insensibilidad" del cuestionario, la subescala que atañe más directamente a la empatía, de hecho mostraron una mayor atenuación de la respuesta al TMS que los que puntuaron bajo, sugiriendo así que los psicópatas, más que tener una discapacidad a la hora de reconocer las emociones de los demás, en realidad tenían talento para ello, y que el problema no residía en el reconocimiento de la emoción en sí, sino en la disociación entre sus componentes sensoriales y afectivos: en la desconexión entre saber "qué es" esa emoción y sentir "cómo es".

La psicóloga Abigail Baird ha descubierto algo similar. En una tarea de reconocimiento de emociones usando el fMRI, observó que mientras los voluntarios que puntuaban muy alto en el PPI mostraban una actividad de la amígdala reducida comparada con los que puntuaban bajo, cuando tenían que comparar caras con similares expresiones emocionales (en consonancia con un deficit en el procesamiento emocional), tambíen mostraban una actividad aumentada tanto en el córtex visual como en el dorsolateral prefrontal, indicando, como señalan Baird y su equipo, que "los participantes de alta puntuación confían en regiones asociadas con la percepción y la cognición para hacer la tarea de reconocimiento de emociones".

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