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Nuevas soledades del siglo XXI; hogares unipersonales sin freno a la vista

¿Quién no sintió alguna vez ganas de que no le rompieran las pelotas? ¿Cuántas veces nos fuimos a dormir solos, luego de haber fracasado en una cita? ¿Quién no sintió deseos de asfixiar al compañero que roncaba como caño de escape roto? Sobran los motivos y excusas para vivir solo, sin darle cuentas a nadie; aunque detrás del alivio aparente acecha la soledad; esa pesadilla de la que pueden hablar con propiedad los separados, viudos y divorciados que extrañan su pasado en compañía; a los hijos; o todo aquello que esperaban obtener y no lograron en la vida. Eterno disconforme, el ser humano sigue siendo el más indescifrable objeto de estudio del reino animal.

Tendencia subrepticia, pero imparable

En los últimos cincuenta años se triplicó en el país la cantidad de hogares en los que vive una sola persona.Las estimaciones indican que el  22% de los hogares de la Argentina son unipersonales. La cantidad seguirá creciendo: en 2025 las viviendas ocupadas por solteros, separados, divorciados o viudos - sin compañía - llegarán al 26%.  Es una tendencia creciente a nivel mundial  y muy fuerte en las grandes ciudades. Se los conoce como los neosolteros; viven solos, ya sea por elección, o por dificultades de la vida. Dentro de este grupo, hay 2 categorías: Quienes padecen la soledad, y generan síntomas de tristeza y depresión, y quienes la ven como una oportunidad  y  un modo de vida, alternativo. No es lo mismo la soledad en la juventud que en la tercera edad, como tampoco es igual cuando aparece  por un período corto de tiempo (soledades transitorias), que como algo permanente. La persona puede darse cuenta de que ese no es un momento apto para estar acompañada, pero también advertir que es algo que va a desaparecer.

Se distingue entre la soledad de aislamiento y la soledad de apertura. La primera representa a aquellas personas que no saben cómo relacionarse  y se aíslan de la gente. Son personas tímidas que le tienen miedo al mundo y que lamentablemente parecen altaneras, distantes, antipáticas y en realidad están muy atemorizadas seguramente por una vivencia interior de mucho peligro al exterior que hace que se replieguen y que tengan contactos mínimos, prácticamente familiares. Esta actitud no ayuda a encontrar la salida y tiende a la depresión; mientras que la soledad de apertura implica un encuentro con uno mismo, para luego poder abrirse a otros espacios donde se puede estar con otras personas. Por un lado implica una pérdida, porque es arriesgarse a  vivir sin algo o sin alguien, sin un ideal, sin una persona, pero también puede significar el volverse dueño de uno mismo, tener autonomía personal y practicar  la autosuficiencia emocional.

Nota: Hay que tener en cuenta la diferencia entre vivir solo, a sentirse solo en la vida. El mundo está lleno de parejas que se comunican mal o que no se comunican. Asimismo hay personas solas que tienen una gran capacidad de conexión social, llenas de amigos, de proyectos, de viajes, de salidas, deportes; entonces la soledad es un sentimiento que para algunas personas es un pesar y para otras es una liberación. Depende como se la encare.

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Cristina Larripa
Licenciada en Bellas Artes. Escritora. Actualmente cursando la carrera de psicología en la Universidad de Buenos Aires. Realizó los siguientes Seminarios: Gestalt desde el Campo Relacional-Experiencial, Teoría y Práctica de la Psicogenealogía, Constelaciones Familiares, Psicodrama y Enfoque Gestaltico Transpersonal.