Las Complicaciones del Ocio - Enrique Pichon-Rivière

El ocio representaría así la actitud mental que nos permite dedicarnos a una determinada actividad sin pensar antes en los resultados útiles o prácticos inherentes a ella. La actitud contemplativa puede ser sellada como un ingrediente del ocio. Así, éste se presentaría en la capacidad del individuo para desatender, cada tanto, sus preocupaciones diarias y sus obligaciones inmediatas y contemplar la vida como un observador.

Durante los miles de años que hacen a su historia, el hombre ha aumentado su habilidad para transformar la naturaleza, ha creado técnicas adecuadas a tal fin. Así nació la división del trabajo, la empresa, el comercio como trueque, etcétera. De ahí surge la revolución tecnológica que vivimos, la que trae aparejada otra revolución: la del ocio, ya que la automatización reduce cada vez más la jornada laboral, aumentando el numero de horas libres. Constituye esta nueva era que se caracteriza por la exaltación del ocio, lo que Friedmann llama una segunda utopía tecnicista. La primera proclama un control total de la producción por medios mecánicos, la segunda apunta a un ocio masivo e ilimitado.

Freud y la psicología del trabajo:

La definición del trabajo como actividad que apunta a la producción responde a un enfoque exclusivamente socioeconómico. Pero detrás de todo ese andamiaje tecnológico encontramos una serie de conflictos psicológicos que juegan, en este momento de cambio, un papel fundamental. En la medida en que el trabajo se va reduciendo gracias a las conquistas técnicas, se hace claro un significado subyacente, es decir, sus componentes psicológicos. Sólo una comprensión integral del sentido del trabajo nos permitirá entender este fenómeno que irrumpe en nuestra civilización: el ocio, su estructura, su funcionamiento, su manejo. La noción de trabajo aparece a través de la psicología moderna algo confusa; hay en ella un verdadero elemento de obligación, de presión que responde a la necesidad de ganarse el pan, pero también un índice de libertad, que está representado por aquellas tareas que están fuera de ese encuadre estricto de ganarse la vida.

El trabajo es concebido por Freud como un mecanismo de equilibrio. La tarea aparece como motivada psicológicamente y cumpliendo una función social fuera del contexto de presión y obligación. El hombre, mediante el trabajo, cumple funciones esenciales de equilibrio para su personalidad, a través de un tipo de realización que le asegura una firme artuculación a la realidad y al grupo humano a que pertenece. En síntesis, el trabajo refuerza los vínculos entre realidad e individuo, y hace de éste una persona situada y creadora. ¿Y el ocio?

El concepto de ocio ha sido utilizado de muchas maneras, por eso conviene ponerlo en orden. La expresión "sentido de lo gratuito" suele usarse para indicar los aspectos más importantes de la cuestión. Es posible definir desde este enfoque, en oposición, el concepto de utilidad o de lo práctico. El ocio representaría así la actitud mental que nos permite dedicarnos a una determinada actividad sin pensar antes en los resultados útiles o prácticos inherentes a ella. La actitud contemplativa puede ser sellada como un ingrediente del ocio. Así, éste se presentaría en la capacidad del individuo para desatender, cada tanto, sus preocupaciones diarias y sus obligaciones inmediatas y contemplar la vida como un observador: el ocio amplía el campo visual del individuo y le permite captar aspectos de la vida que habían permanecido ignorados por él bajo presión de las necesidades de existencia. El trabajo apareció hasta ahora en un primer plano como el centro de gravedad y equilibro del hombre. El papel equilibrado aumenta sensiblemente cuando el tipo de tarea ha sido escogido libremente (vocacionalmente): toda personalidad está comprometida en la situación y la operación de equilibrio se logra a través de mecanismos de descarga y sublimación. Por otro lado, investigaciones psicológicas y sociológicas han puesto de manifiesto los aspectos nocivos de la privación del trabajo que, como en el caso anterior, desemboca en una depresión más o menos grave; por ejemplo, en el caso de los jubilados. Los que observan que el ocio de por sí parece no reemplazar por ahora del toda la función del equilibrio psíquico y de satisfacción y de felicidad lograda con el trabajo, presentan una situación insólita. así se nos mostró en nuestra experiencia personal al realizar una investigación sobre la planificación laboral en una región del Sur. Nuestra tarea se desplazó desde el estudio de la planificación laboral a este nuevo campo de planificación del ocio y requirió urgentemente investigaciones motivacionales, ya que el lugar del ocio tendía a ser invadido por múltiples tareas y actividades sociales y antisociales.

El límite entre el ocio y las obligaciones parece claro en el individuo pero confuso en la realidad , y alrededor de esta frontera se efectúan numerosas actividades fuera del trabajo, con características mixtas que pueden ser ubicadas diferentemente de acuerdo con la función y la obligatoriedad. Los sociólogos franceses las denominan "semiocios" y son las tareas semilucrativas, semiutilitarias, semicreativas y semieducativas. Si se agregan a eso las obligaciones sociales y familiares, los semiocios ocupan, dentro de la línea de la mayoría de las personas con trabajo, más o menos el mismo tiempo que el ocio real.

  • Fuente: Extraído de Psicología de la Vida Cotidiana: Enrique Pichon-Rivière y Ana Pampliega de Quiroga
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