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Anorexia-Bulimia: Parte X

El sujeto está vinculado holofrasicamente al Otro. Más precisamente, se trata de una inclinación holofrasica del discurso, que toma el lugar del ordenamiento metafórico y metonímico del lenguaje. Hay, en otras palabras, un defecto esencial de la separación. En vez del síntoma y de su valor metafórico encontramos la dependencia de la sustancia (bulimia) o una identificación idealizante que carece de dialéctica, absoluta, narcisistica, mortífera (anorexia).

Suspension Falica en la Clinica Border

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

El fenómeno anoréxico-bulímico manifiesta entonces sobre todo la identificación idealizante del sujeto a la Anorexia, a la evidencia de la Anorexia, y  -del lado de la bulimia- al objeto-comida como objeto no simbolizable, causa del deseo.

La anorexia histérica es dialéctica, intersubjetiva, inscribe el rechazo en el campo de la relación con el Otro, orquesta su deseo como rechazo, apunta a modificar la posición de otro que no sabe dar sino lo que tiene. Ella intenta, a través de una maniobra extrema, mantener la dimensión de la demanda separada de la del deseo, frente a un Otro que aplasta con su papilla asfixiante. Reduce el deseo al campo de la demanda, satisfaciendo “necesidades”.

La anorexia vera, o la inclinación holofrasica del discurso anoréxico que tiende a desautorizar al Otro congelando al sujeto en una identificación idealizante anti dialéctica.

En la clínica de las psicosis, la anorexia-bulimia funciona en efecto como barrera respecto a otro loco e invasor que quiere gozar del sujeto. A través de la identificación a una imagen del cuerpo-flaco puede estabilizarse y compensar imaginariamente su psicosis. Sostiene al menos una identidad, alienante, que de otra manera no fue posible. El acto sexual es para quemar calorías, totalmente fuera de la dimensión simbólica de la castración, la erotización y el goce fálico o el Otro goce de la mujer. No importa el deseo del Otro.

En la clínica de las neurosis, la anorexia-bulimia funciona como una provocación dirigida al Otro, como una interrogación sobre su deseo. En la versión histérica lo que cuenta es como poder barrar al Otro, hacerlo desear, quiere sentir que le falta al Otro, que es algo para el Otro; por lo tanto quiere empujar al Otro a pedirle: “no te mueras, quédate conmigo”, y en realidad a declararle su impotencia.

En la versión obsesiva el problema para el sujeto es llegar a la destrucción del deseo del Otro: no quiere de ninguna manera que su cuerpo sea tocado por el goce, quiere operar a través del significante una especie de limpieza absoluta de goce, sacarlo del cuerpo. Sobrepone al reino de la contingencia -que es el del deseo- el reino de la necesidad. Aparece toda la fenomenología obsesiva de preparación de platos, división de los alimentos, cálculo de las calorías, etc. Todo un montaje simbólico que se derrumba cada vez que irrumpe lo real pulsional. También se transforma en lo contrario, la habitación sucia, su cuerpo también, los pasajes al acto autodestructivos, los atracones compulsivos, etc.

La anorexia-bulimia del lado de la neurosis es esencialmente un desafío al Otro. En un caso es provocar en el Otro una falta de amor y en el otro, es renunciar al deseo, aniquilándose antes que dar una señal de su propio deseo al Otro, de mostrar su propia falta, antes que ser atrapado en la contingencia del deseo.

La transferencia, dialectizando la demanda contenida en el síntoma (es decir, dirigiendo esta apelación al analista) vuelve psicoanalizable el síntoma. En este sentido la clínica psicoanalítica es una clínica del síntoma “bajo transferencia”.

La holofrase es una figura retorica que, al contrario de la metáfora, no representa nada, en cuanto señala más bien el fracaso de la acción significante de la metáfora. Una holofrase es una palabra-frase. Se produce un efecto monolítico cuando el intervalo entre los significantes se congela y se anula. Es una alteración fundamental de la función del significante, que estructuralmente no puede significarse a si mismo sino solamente reconducir a otro significante. Hay un enganche des-subjetivante del sujeto a un significante, a un S1, al cual se identifica monolíticamente. Es una solidificación de la cadena significante que inmoviliza el discurso. La escansión significante S1-S2 se coagula y hace bloque, hace uno. Así en ella el sujeto ya no está representado por un significante para otro significante, sino que se encuentra incluido como un monolito. Monolito que no es ni metafórico (no esconde una verdad reprimida sino que reduce al sujeto a una identificación absoluta) ni metonímico (no desplaza la cadena significante). Se anula la separación. Un ejemplo es el fenómeno psicosomático en donde se encarna el sentido directamente en el cuerpo, en lo real de la lesión, en lugar de metaforizarse vía conversión histérica. (Por ejemplo en la amenorrea de la anorexica)

El sujeto está vinculado holofrasicamente al Otro. Más precisamente, se trata de una inclinación holofrasica del discurso, que toma el lugar del ordenamiento metafórico y metonímico del lenguaje. Hay, en otras palabras, un defecto esencial de la separación. En vez del síntoma y de su valor metafórico encontramos la dependencia de la sustancia (bulimia) o una identificación idealizante que carece de dialéctica, absoluta, narcisistica, mortífera (anorexia). El problema es que ni la sustancia (el alimento o la droga) ni la identificación idealizante asumen para el sujeto el valor enigmático del síntoma. Se imponen más bien como evidencia que obtura la división subjetiva. La anorexia-bulimia (como la adicción a las drogas) indica una posición sostenida por una identificación que en sí misma no se vuelve síntoma para el sujeto. Este no se presenta dividido, desconcertado por el retorno de lo reprimido, sino más bien identificado monolíticamente (holofrasicamente) a su significante Amo (rasgo unario). A través de la sustancia-alimento la bulímica intenta hacer Uno con el Otro. A unarizarse, sustrayéndose a la división subjetiva.

El fracaso de la función transicional del objeto. La rueda de la dependencia de la sustancia no abre a la dimensión de la falta, sino que apunta a obturarla. En la compulsión a la repetición de los atracones bulímicos el sujeto no construye ninguna metáfora: hay un empuje acéfalo, pulsional, a un goce en exceso, destructivo, que encadena al sujeto a una serie monótona. La droga y el alimento no funcionan como objetos efectivamente separadores. No hay transición entre el sujeto y el Otro; el sujeto queda holofrasizado por el Otro.

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Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.