Los TGD

El DSM-IV define los trastornos generalizados del desarrollo como una alteración grave y generalizada de varias áreas de desarrollo como interacción social y comunicación, conductas estereotipadas, intereses y actividades. Estas alteraciones se apartan de lo normal al considerar el nivel mental y de desarrollo del individuo.

Los trastornos generalizados del desarrollo son un grupo de patologías psiquiátricas en las que están alteradas las habilidades sociales reciprocas, el desarrollo del lenguaje y la amplitud del repertorio de conductas. Suele ocurrir que estas áreas no se desarrollan de forma apropiada, y en algunos casos, se desarrollaron pero se deterioran o pierden con el tiempo. Estos trastornos afectan generalmente, áreas múltiples de desarrollo, se manifiestan precozmente y causan disfunciones persistentes. El trastorno autístico (conocido también como autismo infantil), el más estudiado de todos estos trastornos, se caracteriza por perturbaciones en las interacciones sociales reciprocas, alteraciones en la comunicación y un patrón de conducta estereotipada y restringida. Según el DSM-IV, el funcionamiento anormal debe presentarse antes de los 3 años de edad al menos en una de estas áreas. Más de dos tercios de las personas con trastorno autístico padecen retraso mental, pero este no es preciso para el diagnostico.

El DSM-IV mantiene la categoría de trastorno generalizado del desarrollo no especificado para aquellos pacientes que presentan una alteración cualitativa de las interacciones sociales reciprocas y de la comunicación verbal y no verbal, pero no cumplen los criterios para el trastorno autístico.

El trastorno de Rett parece producirse solo en niñas; se caracteriza por un desarrollo normal hasta los 6 meses, movimientos estereotipados de las manos, perdida de propósitos en sus movimientos, disminución del compromiso social, escasa coordinación y disminución del uso del lenguaje. En el trastorno desintegrativo infantil, el desarrollo progresa normalmente hasta los 2 años de edad, después del cual el niño muestra una pérdida de las habilidades previamente adquiridas en dos o más de las siguientes áreas: uso del lenguaje, respuesta social, juego, habilidades motoras y control de esfínteres. En el síndrome de Asperger, el niño muestra una alteración considerable de las relaciones sociales y del patrón de conductas repetitivas y estereotipadas sin que exista retraso en el desarrollo del lenguaje. Las habilidades cognoscitivas y adaptativas del niño son normales.

En la CIE-10 estos trastornos se caracterizan por anomalías cualitativas en las interacciones sociales reciprocas y en los patrones de comunicación, así como por un repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y repetitivo. Aunque estas anormalidades pueden variar en gradación, tienden a impregnar el funcionamiento global de la persona. Suelen aparecer en la infancia y, generalmente, resultan obvias durante los primeros 5 años. Aunque las alteraciones cognoscitivas se presentan con frecuencia, los trastornos se definen en términos de conducta “que es inapropiada para la edad mental (si el individuo es retrasado o no)”.

Entre estos trastornos, la CIE-10 incluye el autismo infantil, el autismo atípico, el síndrome de Rett, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno hiperactivo asociado a retraso mental y movimientos estereotipados, el síndrome de Asperger, otros trastornos generalizados del desarrollo y trastorno generalizado del desarrollo no especificado. El autismo infantil de la CIE-10 se corresponde con el trastorno autístico del DSM-IV. Sin embargo, según la CIE-10, el autismo atípico difiere del autismo infantil en la edad de inicio o en que no reúne las tres características precisas para el diagnostico de este ultimo. Comienza después de los 3 años de edad, presenta pocas alteraciones en las áreas requeridas para hacer el diagnostico de autismo y generalmente aparece en niños con un retraso mental profundo o que tienen un grave “trastorno del desarrollo especifico del lenguaje receptivo”.

Criterios diagnósticos CIE-10 para trastornos generalizados del desarrollo:

Autismo infantil

A. Presencia de un desarrollo anormal o alterado desde antes de los tres años de edad. Deben estar presentes en al menos una de las siguientes áreas:

(1) Lenguaje receptivo o expresivo utilizado para la comunicación social.

(2) Desarrollo de lazos sociales selectivos o interacción social recíproca.

(3) Juego y manejo de símbolos en el mismo.

B. Deben estar presentes al menos seis síntomas de (1), (2) y (3), incluyendo al menos dos de (1) y al menos uno de (2) y otro de (3):

(1) Alteración cualitativa de la interacción social recíproca. El diagnóstico requiere la presencia de anomalías demostrables en por lo menos tres de las siguientes áreas:

(a) Fracaso en la utilización adecuada del contacto visual, de la expresión facial, de la postura corporal y de los gestos para la interacción social.

(b) Fracaso del desarrollo (adecuado a la edad mental y a pesar de las ocasiones para ello) de relaciones con otros niños que impliquen compartir intereses, actividades y emociones.

(c) Ausencia de reciprocidad socio-emocional, puesta de manifiesto por una respuesta alterada o anormal hacia las emociones de las otras personas, o falta de modulación del comportamiento en respuesta al contexto social o débil integración de los comportamientos social, emocional y comunicativo.

(d) Ausencia de interés en compartir las alegrías, los intereses o los logros con otros individuos (por ejemplo, la falta de interés en señalar, mostrar u ofrecer a otras personas objetos que despierten el interés del niño).

(2) Alteración cualitativa en la comunicación. El diagnóstico requiere la presencia de anomalías demostrables en, por lo menos, una de las siguientes cinco áreas:

(a) Retraso o ausencia total de desarrollo del lenguaje hablado que no se acompaña de intentos de compensación mediante el recurso a gestos alternativos para comunicarse (a menudo precedido por la falta de balbuceo comunicativo).

(b) Fracaso relativo para iniciar o mantener la conversación, proceso que implica el intercambio recíproco de respuestas con el interlocutor (cualquiera que sea el nivel de competencia en la utilización del lenguaje alcanzado).

(c) Uso estereotipado y repetitivo del lenguaje o uso idiosincrásico de palabras o frases.

(d) Ausencia de juegos de simulación espontáneos o ausencia de juego social imitativo en edades más tempranas.

(3) Presencia de formas restrictivas, repetitivas y estereotipadas del comportamiento, los intereses y la actividad en general. Para el diagnóstico se requiere la presencia de anormalidades demostrables en, al menos, una de las siguientes seis áreas:

(a) Dedicación apasionada a uno o más comportamientos estereotipados que son anormales en su contenido. En ocasiones, el comportamiento no es anormal en sí, pero sí lo es la intensidad y el carácter restrictivo con que se produce.

(b) Adherencia de apariencia compulsiva a rutinas o rituales específicos carentes de propósito aparente.

(c) Manierismos motores estereotipados y repetitivos con palmadas o retorcimientos de las manos o dedos, o movimientos completos de todo el cuerpo.

(d) Preocupación por partes aisladas de los objetos o por los elementos ajenos a las funciones propias de los objetos (tales como su olor, el tacto de su superficie o el ruido o la vibración que producen).

C. El cuadro clínico no puede atribuirse a las otras variedades de trastorno generalizado del desarrollo, a trastorno específico del desarrollo de la comprensión del lenguaje con problemas socio-emocionales secundarios, a trastorno reactivo de la vinculación en la infancia tipo desinhibido, a retraso mental acompañados de trastornos de las emociones y del comportamiento, a esquizofrenia de comienzo excepcionalmente precoz ni a síndrome de Rett.

Autismo atípico

A. Presencia de un desarrollo anormal o alterado aparecido a los tres o después de los tres años de edad (el criterio es como el del autismo a excepción de la edad de comienzo).

B. Alteraciones cualitativas en la interacción social recíproca o alteraciones cualitativas en la comunicación o formas de comportamiento, intereses o actividades restrictivas, repetitivas y estereotipadas (el criterio es como para el autismo a excepción de que no es necesario satisfacer los criterios en términos del número de áreas de anormalidad).

C. No se llega a satisfacer los criterios diagnósticos de autismo.

El autismo puede ser atípico tanto en la edad de comienzo como por sus manifestaciones clínicas. Un quinto dígito permite diferenciarlos con fines de investigación. Los síndromes que no puedan incluirse en uno de ellos se codificarán.

Atipicidad en la edad de comienzo

A. No se satisface el criterio A del autismo. Esto es, la anomalía del desarrollo se manifiesta sólo a los tres años de edad o con posterioridad.

B. Se satisfacen los criterios B y C del autismo.

Atipicidad sintomática

A. Satisface el criterio A del autismo (es decir, anomalía del desarrollo de comienzo antes de los tres años de edad).

B. Alteraciones cualitativas en las interacciones sociales que implican reciprocidad, o en la comunicación, o bien formas de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Los criterios son similares a los del autismo excepto en que no hacen referencia a número determinado de áreas afectadas por la anormalidad.

C. Se satisface el criterio C del autismo.

D. No se satisface el criterio B del autismo.

Atipicidad tanto en edad de comienzo como sintomática

A. No se satisface el criterio A del autismo. La anomalía del desarrollo se manifiesta sólo a los tres años de edad o con posterioridad.

B. Alteraciones cualitativas de las interacciones que implican reciprocidad o de la comunicación, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Los criterios son similares a los del autismo excepto en que no hacen referencia a un número determinado de áreas afectadas por la anormalidad.

C. Se satisface el criterio C del autismo.

D. No se satisface el criterio B del autismo.

Síndrome de Rett

A. Normalidad aparente durante los períodos prenatal y perinatal, desarrollo psicomotor aparentemente normal durante los primeros cinco meses de edad y perímetro cefálico normal en el momento del parto.

B. Desaceleración del crecimiento cefálico entre los cinco meses y los cuatro años de edad junto a una pérdida de las capacidades motrices manuales previamente adquiridas entre los seis y los treinta meses de edad. Esto se acompaña de una alteración de la comunicación y de las relaciones sociales y de la aparición de marcha inestable y pobremente coordinada o movimientos del tronco.

C. Grave alteración del lenguaje expresivo y receptivo, junto a retraso psicomotor grave.

D. Movimientos estereotipados de las manos (como de retorcérselas o lavárselas) que aparecen al tiempo o son posteriores a la pérdida de los movimientos intencionales.

 

Otro trastorno desintegrativo de la infancia

A. Desarrollo aparentemente normal hasta al menos los dos años de edad. Se requiere para el diagnóstico la presencia de una capacidad normal para la comunicación, para las relaciones sociales y el juego, y para los comportamientos adaptativos hasta al menos los dos años de edad.

B. Al comenzar el trastorno se produce una clara pérdida de capacidades previamente adquiridas. Se requiere para el diagnóstico una pérdida clínicamente significativa de capacidades (y no sólo un fracaso puntual en ciertas situaciones) en al menos dos de las siguientes áreas:

(1) Lenguaje expresivo o receptivo.

(2) Juego.

(3) Rendimientos sociales o comportamientos adaptativos.

(4) Control de esfínteres.

(5) Rendimientos motores.

C. Comportamiento social cualitativamente anormal. El diagnóstico requiere la presencia demostrable de alteraciones en dos de los siguientes grupos:

(1) Alteraciones cualitativas en las relaciones sociales recíprocas (del estilo de las del autismo).

(2) Alteración cualitativa de la comunicación (del estilo del autismo).

(3) Patrones restringidos de comportamiento, intereses y actividades repetitivas y estereotipadas, entre ellas, estereotipias motrices y manierismos.

(4) Pérdida global de interés por los objetos y por el entorno en general.

D. El trastorno no se puede atribuir a otros tipos de trastornos generalizados del desarrollo, a epilepsia adquirida con afasia, a mutismo selectivo, a esquizofrenia, ni a síndrome de Rett.

Trastorno hiperactivo con retraso mental y movimientos estereotipados

A. Hiperactividad motora grave manifiesta por al menos dos de los siguientes problemas en la actividad y la atención:

(1) Inquietud motora continua, manifiesta por carreras, saltos y otros movimientos que implican todo el cuerpo.

(2) Dificultad importante para permanecer sentado: tan solo estará sentado unos segundos por lo general, a no ser que esté realizando una actividad estereotipada (ver criterio B).

(3) Actividad claramente excesiva en situaciones en las que se espera una cierta quietud.

(4) Cambios de actividad muy rápidos, de tal forma que las actividades generales duran menos de un minuto (ocasionalmente duran más si la actividad se ve muy favorecida o reforzada, y esto no excluye el diagnóstico; las actividades estereotipadas pueden durar mucho tiempo y son compatibles con este criterio.

B. Patrones de conducta repetitivos y estereotipados manifiestos por al menos uno de los siguientes:

(1) Manierismos fijos y frecuentemente repetidos: pueden comprender movimientos complejos de todo el cuerpo o movimientos parciales tales como aleteo de manos.

(2) Repetición excesiva de actividades no encaminadas hacia ningún fin. Puede incluir juegos con objetos (por ejemplo, con el agua corriente) o actividades ritualísticas (bien solo o junto a otra gente).

(3) Autoagresiones repetidas.

C. CI menos de 50.

D. Ausencia de alteración social de tipo autístico. El niño debe mostrar al menos tres de las siguientes:

(1) Adecuado desarrollo del uso de la mirada, expresión y postura en la interacción social.

(2) Adecuado desarrollo de las relaciones con compañeros, incluyendo el compartir intereses, actividades, etc.

(3) Al menos ocasionalmente se aproxima a otras personas en busca de consuelo y afecto.

(4) A veces puede participar de la alegría de otras personas. Existen otras formas de alteración social, como la tendencia al acercamiento desinhibido a personas extrañas, que son compatibles con el diagnóstico.

E. No cumple criterios diagnósticos para autismo, trastorno desintegrativo de la infancia o trastornos hiperquinéticos.

Síndrome de Asperger

A. Ausencia de retrasos clínicamente significativos del lenguaje o del desarrollo cognitivo. Para el diagnóstico se requiere que a los dos años haya sido posible la pronunciación de palabras sueltas y que al menos a los tres años el niño use frases aptas para la comunicación. Las capacidades que permiten una autonomía, un comportamiento adaptativo y la curiosidad por el entorno deben estar al nivel adecuado para un desarrollo intelectual normal. Sin embargo, los aspectos motores pueden estar de alguna forma retrasados y es frecuente una torpeza de movimientos (aunque no necesaria para el diagnóstico). Es frecuente la presencia de características especiales aisladas, a menudo en relación con preocupaciones anormales, aunque no se requieren para el diagnóstico.

B. Alteraciones cualitativas en las relaciones sociales recíprocas (del estilo de las del autismo).

C. Un interés inusualmente intenso y circunscrito o patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas, con criterios parecidos al autismo aunque en este cuadro son menos frecuentes los manierismos y las preocupaciones inadecuadas con aspectos parciales de los objetos o con partes no funcionales de los objetos de juego.

D. No puede atribuirse el trastorno a otros tipos de trastornos generalizados del desarrollo, a trastorno esquizotípico, a esquizofrenia simple, a trastorno reactivo de la vinculación en la infancia de tipo desinhibido, a trastorno anancástico de personalidad, ni a trastorno obsesivo-compulsivo.

Otros trastornos generalizados del desarrollo

Trastorno generalizado del desarrollo sin especificación: se trata de una categoría residual que se usará para aquellos trastornos que se ajustan a la descripción general de trastornos generalizados del desarrollo pero que no cumplen los criterios de ninguno de los apartados a causa de información insuficiente o datos contradictorios.

Párrafos seleccionados de: Kaplan, H; Sadock, B: “Sinopsis de psiquiatría. Ciencias de la conducta. Psiquiatría clínica”, Caps. de Psiquiatría infantil: 41 (Trastornos generalizados del desarrollo) Octava Edición, Editorial Panamericana.

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Edith Gomez
@edigomben
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