#anorexia

El Hambre esta en la Cabeza

Se come siempre en la mesa del Otro. El comer no es simplemente aplacar el hambre sino que es además y, sobre todo, la asunción de las reglas de la convivencia, del estar juntos, del gusto, de la tradición familiar y cultural. Las anoréxico-bulímicas rompen las reglas de toda posible convivencia.

Rehúsan comer, comen solas, fuera de horario, sin límite y proporción, sin criterio, es decir, apuntan a contradecir la ley de la alienación significante: se niegan a la mesa del Otro.  Pero es siempre al Otro que quiere ver comer, porque si el Otro come es una garantía de poder sustraerse de la mesa del Otro, aliviar culpas (el también goza) y no será devorada por el Otro, por lo menos mientras el Otro coma.

El deseo existe más allá de la necesidad pues no está dirigido hacia los objetos (como el hambre está dirigido hacia la comida), sino hacia un sujeto cuyo primer modelo, perdido desde siempre, está constituido por el Otro materno y en particular por el objeto de la pulsión oral (el seno). Finalmente, para que la necesidad sea satisfecha, es necesario que el niño la haga pasar por el desfiladero de la demanda. Solo a través de la demanda, la necesidad puede ser dirigida al Otro y de ese modo satisfacerse.

Si el sujeto nace en el campo del Otro esta estructuralmente obligado a hacer desfilar las propias necesidades a través del filtro del significante. En este sentido la demanda es la dimensión de la necesidad modelada por el significante, subordinada al significante.

Es solo la función mediadora del Otro la que permite al grito transformarse en demanda (Lacan precisa la pulsión oral como demanda dirigida al Otro). Si entonces el Otro no interpreta el grito que se le ha dirigido, no se constituye la función dialéctica de la intersubjetividad y es como si el grito fuese un alarido infinito, perdido en un abismo sin nombre. Solo la acción interpretativa del Otro convierte el grito en demanda. Por eso la dimensión de la necesidad está subordinada al significante. La demanda no es otra cosa que la articulación significante de la necesidad o, más rigurosamente, la cancelación de la necesidad operada del significante de la demanda.

La satisfacción de las necesidades básicas no son suficientes para garantizar el nacimiento psicológico del ser humano. El sujeto no es un conjunto de necesidades primordiales sino que es fundamentalmente deseo de ser deseado. Donde deseo del Otro indica deseo no de alguna cosa, no de cosas, sino deseo de deseo, deseo de ser lo que puede faltarle al Otro, lo que puede cavar una falta en el Otro.

La dimensión del deseo se excava más aquí y más allá de la demanda. Mas aquí porque toca el plano de la falta-en-ser que habita al sujeto en cuanto parlante y es mas allá porque no existe satisfacción de la demanda que pueda satisfacer plenamente al deseo. Porque cada satisfacción de la demanda deja un resto (residuo de una obliteración), un resto que no puede satisfacerse. Este resto es origen del deseo. El deseo excede cualquier demanda, porque nunca es deseo de alguna cosa, sino de otra cosa. Es indestructible.

El sujeto anoréxico tuvo Otro materno que se ocupo de asistirlo pero omitió de ceder junto a la comida el propio deseo, el propio amor. Estuvo ausente la acción particularizante del deseo del Otro sobre el sujeto. Respondió desde el registro del tener. Dio aquello que tenia, pero no aquello que no tiene, que es justamente el signo de su falta lo que busca la anoréxica.

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

COMENTA
Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.