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Minita

Hace poco una revista online de poco alcance, básicamente dirigida a un grupo selecto de relegados de Puán y derivados, publicó una nota sobre mí en la que se me condena por ser “muy minita” y por diseminar un discurso, que a pesar de tener pretensiones feministas, dista de serlo, en principio, por perpetrar los estereotipos femeninos de siempre. Parecería en vano explicarle a un grupo de solemnes, que creen que formar una oración sintácticamente elegante es muy importante y especial, que el humor se basa en generalizaciones y estereotipos y que en todas las parodias de lo femenino de La Loca de Mierda, Cualca, Jorge o Por Ahora, está claro que no pretendo demostrar que he superado los lugares comunes, sino que soy víctima orgullosa de ellos.

Criticarme por ser clase media o muy minita es bastante redundante, dado que es básicamente sobre lo que escribo. Que soy minita y concheta no se lo discuto a nadie jamás, triste es no tener conciencia de clase y creer que ponerle “Paco” a tu revista te vuelve cool marginal. Creer que los estereotipos no existen, es como aquella inocente creencia de que “hay tantas interpretaciones como lectores”. Esto no es real. No somos únicos, el proceso de identificación en el cual se basa la literatura, y el arte entero, evidencia esta obviedad. Todos nacemos en un contexto determinado y todos podemos ser categorizados, que esta categorización nos defina por completo o no, es otro tema. La base del humor y de reírse de uno mismo, se sostiene en aceptar que uno no es tan especial y que posee algo de la boludez humana común.

No tengo ningún problema con los estereotipos, son graciosos y son reales. El problema del estereotipo se presenta cuando alguien le pone una carga peyorativa mucho mayor a uno que a otro. Es real que a las mujeres nos gusta comprar pilcha, es real que es una pelotudez, pero no es una pelotudez mayor que la obsesión que tienen los hombres con la PlayStation. Ambos estereotipos son reales, ambos son pelotudos. Pelotudos por igual.

Paula Puebla decide catalogarme peyorativamente de “muy minita”, pero seguramente no se le ocurre condenar a nadie por ser “muy machito”. De la misma forma, a nadie se le ocurre decir que un mal comediante hombre es un insulto para los hombres, simplemente es malo, fin. Me sorprende sobremanera que Puebla decida indignarse tanto con esa pavada de que soy la voz del feminismo, lugar inmenso en el que solo Paula Puebla me ha puesto desde que trabajo en los medios. En este punto le agradezco todo el poder que me designa y me solidarizo con aquella profunda preocupación de que estoy estupidizando a toda una generación de mujeres. Posta Pau, no tengo ese poder y no subestimes tanto a la gente. Nadie vuelve genio o estúpido a nadie. Y sin ánimos de lastimarte, todas tus fotos y todos tus tuits, mamu, cuadran perfectamente en tu propia definición de minita. En otro orden de cosas, altas gomas! Altas gambas! Bien allí!

Yo no desprecio lo femenino, yo parodio condiciones humanas que me avergüenzan, da la casualidad de que soy mujer y por tanto hablo desde ese lugar. La incapacidad de trascender el género y no entender lo que hago como otra cosa que no sea “femenino” no es mi problema, es el problema de los demás. Que el discurso de un comediante hombre sea universal y que mi discurso sea “femenino” demuestra la misoginia imperante de la sociedad. “Humor femenino” es un prejuicio, proclama la supuesta incapacidad de los hombres para identificarse con una mujer. Sé que es un prejuicio machista, porque hace cinco años que hago monólogos y desde el escenario veo a hombres reírse. “Humor femenino”, yo acepto ese prejuicio como tantos otros. Es el precio que pago. Si me vuelvo loca discutiendo nomenclaturas como hacen los endogámicos y herméticos intelectuales, me quedo hablando sola, y si quería hablar sola o para tres me quedaba en la Academia.

Lo que parecería molestarle a Paula Puebla es que alguien no tenga ningún prurito en autoproclamarse feminista. ¿Por qué? Porque ser feminista todavía tiene mal marketing, un marketing creado por el discurso hegemónico por el cual toda feminista es una loca de mierda, una infeliz y una malcogida. Incomoda al día de hoy que alguien no se vaya hacia los grises: “soy feminista, pero no tanto, o sea no soy femichista, o sea no soy hiperfeminista, ojo eh, que no soy pos feminista, eh, el feminismo falopa es cualquiera boludo, no vayas a creer que soy eso!”. Todas vueltas ridículas para congraciarse vaya a saber con quién mierda. Soy feminista. Creo que hay desigualdad. Punto. Todas las demás nimiedades chárlenlas entre ustedes en sus falsas tertulias populistas. Yo estoy acá con mis amigos, tratando de escribir chistes, giles. Agradezco de todas maneras el tiempo que te has tomado pensando en mí, ser tu objeto de estudio me ha dado sueños húmedos, o fueron tus fotos Pau, o vos eligiendo las mías, no sé… No sé. Elevo una plegaria al cielo por que seas de aquellas mujeres aladas que skuirtean Pau, toda la pinta tenés.

Malena Pichot

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Malena Pichot
@malepichot
Guionista de Cualca, Jorge, Por ahora y Mundillo. acá https://www.youtube.com/malepichot y TARDE BABY ahora mismo disponible por @un3TV