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El vacio en las anorexias y bulimias

La anorexia-bulimia ponen en causa el vacio (como un estomago recipiente a llenar o vaciar) pero no, todavía, el vacio como causa, como valor de falta. Es entonces el vacio, el fundamento del objeto y no el objeto que constituye el vacio. El vacio constituirá el fundamento del deseo del sujeto, la causa del deseo del sujeto.

El vacio Existencial: Una clave del Tao-Te-King

El síntoma es el índice fundamental de la verdad reprimida de un sujeto. Por lo tanto estos trastornos alimentarios no son enfermedades del apetito –patologías de la alimentación-, sino principalmente posiciones subjetivas.

Esta pasión por el objeto-comida (sea en el rechazo o en la asimilación descontrolada) es en verdad pasión por el vacio. Pero no el vacio del estomago, anatómico, sino aquel vacio ontológico que refiere al corazón mismo del sujeto. Aquel vacio que abre en el sujeto una falta radical, incolmable (falta-en-ser) que no puede ser suturada por ningún objeto.

La anorexia-bulimia apunta a alcanzar y conservar el vacio. Porque la abolición del vacío significaría la abolición del sujeto mismo. El vacio es entonces la condición para que pueda existir, junto a la falta, el deseo.

La ley de la estructura vacía de goce al cuerpo como resultado del tratamiento significante que justamente por esta función de corte, lleva a pulsionar el cuerpo, a agujerearlo, a inaugurar la falta. Es el significante el que produce el cuerpo pulsional, diferenciándolo así de un mero organismo viviente.

La anorexia-bulimia se ubica más allá del principio de placer y de realidad. Comer hasta reventar o rechazar la comida hasta morir de hambre responden a una lógica que esta mas allá del principio de placer y se rehúsa a la educación que impone la realidad poniendo en riesgo su propia vida.

Dos satisfacciones diferenciadas: una de tipo biológico-natural que coincide con la idea de la existencia de una función instintiva y con la satisfacción especifica de una necesidad (tengo hambre y satisfago esta necesidad ingiriendo comida), la otra es de tipo sexual que coincide con la realización de una satisfacción especial, irreductible a la dimensión de la satisfacción de una necesidad. Y es justamente esta segunda satisfacción que, montándose en la primera, introduce en el sujeto la dimensión estructuralmente “perversa” de la pulsión.

La satisfacción pulsional no coincide con la satisfacción de la necesidad natural porque la pulsión no es una fuerza, un dato natural, sino que se encuentra, según Freud, entrelazada desde el origen con el Otro. Ella no responde a un rigor natural, sino que se produce como efecto de la inclusión del sujeto en el campo simbólico del Otro; como efecto de la cancelación, por así decirlo, de la naturaleza. La pulsión no demanda la satisfacción de la necesidad sino otra satisfacción: no simplemente la necesidad de comer, sino la satisfacción libidinosa de la oralidad (de la demanda oral) como zona erógena investida de la acción pulsional. La pulsión es una desnaturalización del instinto, una deformación del instinto causada por la relación del sujeto con el Otro. Su satisfacción no está en lo lleno que puede obtener del objeto, sino en la repetición de la vuelta en torno al vacio del objeto. Implica que el objeto esta perdido y el goce de la Cosa es imposible de alcanzar. Porque lo que la pulsión inviste no es otra cosa que la presencia de una cavidad, de un vacio que será ocupado por cualquier objeto sustituto y contingente. Ningún objeto podrá satisfacer jamás la pulsión, sino obtendrá satisfacción bordeando lo que falta.

El hambre de comida como objeto de la necesidad, de la comida como objeto que aplaca el hambre y el hambre que ningún objeto puede calmar porque es el hambre del seno, no de comida, del seno como significante del primer objeto (perdido) de satisfacción. No se come solo para aplacar el hambre, se come para gozar. No se come solo comida, se come también Otra Cosa. Se come, podría decirse, al Otro. Se come el vacio. Porque comer el seno es efectivamente comer el vacio, pues el seno es el objeto perdido de la primera satisfacción. El seno al cual apunta la pulsión oral no es en realidad un objeto-sustancia, es un fantasma. Es el fantasma oral por excelencia. Comer es entonces comerse el fantasma, buscar el fantasma del seno en la selva de la manipulación significante de la cocina.

La manipulación significante del objeto-comida apunta en realidad a capturar el fantasma del seno, a hacer entrar en un discurso simbólico lo imposible de comer, el vacio de la Cosa. El objeto de la pulsión es el vacio en realidad.

La anorexia-bulimia ponen en causa el vacio (como un estomago recipiente a llenar o vaciar) pero no todavía el vacio como causa, como valor de falta. Este vacío es la matriz que desustancializa el objeto mostrando como en su corazón existe, en realidad, no la sustancia, sino la pérdida, la nada. La anoréxica cree que es la jarra la que contiene el vacio y no que el vacio hace a la jarra.

Es entonces el vacio, el fundamento del objeto y no el objeto que constituye el vacio. El vacio constituirá el fundamento del deseo del sujeto, la causa del deseo del sujeto.

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

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Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.